Ghislaine Maxwell se sienta con sus abogados defensores al comienzo de su juicio. / Jane Rosenberg / REUTERS

Ghislaine Maxwell, en el banquillo por tráfico sexual a la sombra de Epstein

Empieza el juicio en Nueva York de la pareja del magnate norteamericano que se suicidó en su celda. Se enfrenta a 80 años de prisión

Doménico Chiappe
DOMÉNICO CHIAPPE Madrid

Los relatos sobre los abusos sexuales continuados a niñas cometidos por Jeffrey Epstein, el millonario norteamericano que se suicidó en su celda a los 66 años, sirvieron para desbloquear las protecciones políticas del acusado y cerrar una investigación en contra del agresor y sus cómplices. En todos los casos aparece siempre una mujer vinculada a la corrupción y prostitución de estas menores: Ghislaine Maxwell, pareja y socia de Epstein, de 59 años, ahora sola ante la ley.

Acusada por cuatros presuntas víctimas de seis cargos, entre ellos tráfico sexual y abuso de menores cometidos entre 1994 y 2004, el lunes comenzó el juicio contra esta mujer, sentada en el banquillo que también debió ocupar el financiero, a la que los fiscales de Nueva York (EE UU) responsabilizan de servir como señuelo. Desde la posición de poder que le daba pertenecer a la alta sociedad británica y norteamericana, se ganaba la confianza de sus posibles víctimas con regalos y dádivas en Londres, Nueva York, Miami y Nuevo México.

Les ofrecía que le dieran masajes al magnate desnudas o parcialmente desnudas, a cambio de dinero o manutención durante sus estudios. En esas sesiones, en las que también podía estar ella, el hombre tocaba los genitales de las víctimas y se masturbaba. Según la parte de la acusación, Maxwell participaba en el abuso sexual algunas veces.

Enfrentada a una pena de 80 años de prisión, se declaró inocente de todos los cargos. En un proceso que puede durar seis semanas, el primer paso fue seleccionar el jurado. En la mañana del primer día del juicio se eligieron los doce que decidirán el destino de Maxwell, detenida en la prisión de Brooklyn. Superado este trámite, que demoró cuando dos de los seleccionados pidieron ser exonerados, las primeras declaraciones en el juzgado de la magistrada Alison Nathan estaban programadas para la tarde del lunes.

Incógnitas del juicio

La defensa de Maxwell, apoyada por sus allegados (herederos de un conglomerado británico de medios de comunicación), han elaborado el discurso de inocencia bajo la sombra de Epstein. Su argumento es que ella es, en realidad, un chivo expiatorio al no poder juzgar al financiero que se quitó la vida en la cárcel de Manhattan en 2019. También buscarán debilitar la credibilidad de las mujeres que sostienen la acusación, y las acusaran de mentir o exagerar a cambio de distintos tipos de retribuciones. Dos de las supuestas víctimas tenían 14 y 15 años cuando ocurrieron los supuestos abusos.

La investigación se cerró al calor del MeToo y los fiscales esperan que los testimonios resistan los embistes de la defensa. Además de las cuatro víctimas, con identidad protegida, se escuchará a exempleados de Epstein que dicen tener conocimiento de lo sucedido o apuntalar la versión de la acusación, y a otras mujeres que, sin ser parte de la acusación, podrían ratificar comportamientos y actitudes de la pareja Maxwell-Epstein, incluso en fechas posteriores a las de 2004. Entre ellas, el rostro más visible es el de Virginia Giuffre, que no forma parte de la acusación actual.

Maxwell llegó al tribunal con mascarilla pero no hay imágenes, debido a que se ha prohibido la retransmisión o grabación del juicio, al ser un proceso federal, según las normas estadounidenses. Se juzgará a Maxwell, sí, pero también a Epstein, a quien todos los relatos le tendrán de protagonista, así como le ha tenido en reportajes y documentales ampliamente difundidos. Hay aún una incógnita que se despejará en el proceso judicial: la identidad de otras personas, algunas influyentes cuyos nombres se han asomado en las investigaciones como el Príncipe Andrés o Bill Clinton, que «conspiraron» en esta red de tráfico sexual.