Alberto de Mónaco y su esposa, Charlene, en la tradicional gala de la Cruz Roja. / REUTERS

Charlene vuelve a la vida

Su presencia, junto a Alberto de Mónaco, en la tradicional gala de la Cruz Roja ha disipado los rumores sobre una separación

ARANTZA FURUNDARENA

En este verano marcado por los incendios, Alberto de Mónaco y Charlene han conseguido apagar al menos un fuego: el causado por los rumores de su inminente separación. El lunes sofocaron las habladurías acudiendo juntos a la gala de la Cruz Roja del Principado, celebrada al aire libre en la plaza del Casino de Montecarlo. Se ignora si esa presunta reconciliación ha sido por amor o por una buena causa (la de conseguir donaciones para la ayuda humanitaria). Tampoco hay certeza del estado de su relación; si las llamas que amenazaban con devorarla se han extinguido por completo o si quedan aún rescoldos capaces de reavivarlas y dar al traste con sus intermitentes once años de matrimonio.

Muy lejos de aquellas deslumbrantes galas monegascas en las que los Grimaldi acudían en familia, con hasta seis y siete bellos ejemplares de su acreditada camada, la del lunes fue una cena de gala tal vez alta en calorías pero muy baja en pedigrí. Alberto acudió acompañado únicamente por su convaleciente esposa y por su original sobrina Camille Gottlieb, fruto de la fugaz relación que mantuvo Estefanía con el guardaespaldas Jean Raymon Gottlieb después de que su otro guardaespaldas y marido, Daniel Ducruet, le hubiera puesto los cuernos al borde de una piscina.

La atlética exnadadora olímpica ejerció el lunes de princesa consorte monegasca con un vestido largo color azul hielo, bordado en pedrería, que realzaba su imponente estatura cercana al 1,80. Fiel a su estilo, Charlene lucía un cabello extremadamente corto y un rostro impecablemente restaurado a dos niveles (soporte y capa pictórica), a la altura de los trabajos realizados en el magnífico cuadro 'El Calvario' de Rogier Van der Weyden... Fiel quizás también a su inclasificable estilo, su sobrina Camille, de 24 años recién cumplidos, se presentó envuelta en un ecléctico vestido negro de Red Valentino que lo reunía todo: transparencias, distintos largos (midi, mini), encaje, paja bordada en canesú y dobladillo... Un 'look' presuntamente exquisito, pero más duro de digerir que una fabada de lata.

La que de verdad brilló esa noche, pero por su ausencia, fue Carolina

La que realmente brilló esa noche, pero por su ausencia, fue Carolina. Hace ya tiempo que ella y Charlene no coinciden en público. Y se diría que menos aún en privado. La mala relación entre ambas cuñadas es el tercer tema favorito en el ranking del cotilleo monegasco, por detrás de las especulaciones sobre las extrañas dolencias de Charlene y su posible separación de Alberto.

La gala del pasado lunes reunió en largas mesas adornadas con manteles de motivos tropicales a más de 600 invitados que apoquinaron 250 euros por cubierto, además de otras cantidades recaudadas a través de la tradicional tómbola solidaria. Actuó la cantante estadounidense Alicia Keys. Pero sobre todo la cena sirvió para escenificar el regreso a la vida activa de Charlene, tras un año de ausencias motivadas, según la versión oficial, por una infección de oído que la recluyó durante unos meses en Sudáfrica y la obligó a pasar varias veces por el quirófano.

Tras un prolongado retiro, en el que se habló de estrés y problemas psicológicos, hace unos días Charlene sorprendía al mundo organizando un cóctel y ejerciendo de guía turística del Palacio Grimaldi, recién remodelado. Y, aunque se ausentó en el último Baile de la Rosa, al que (¡oh, casualidad!) sí acudió Carolina, el lunes retomó los mandos y ejerció de primera dama en una de las galas más emblemáticas del Principado. Si de verdad estuvo a las puertas de la muerte, tal como se llegó a afirmar, ahora podría decirse que Charlene ha resucitado.