Pulpos de granja

25/02/2020

Se dice que son animales muy inteligentes, les hemos visto abriendo botes de cristal para atrapar la gamba que algún humano puso dentro.

Y sabemos que están muy ricos; a la gallega, con aceite, sal y pimentón, y si se puede, cachelos. Pero además podría convertirse en una importantísima fuente de alimentación para los actuales 7.000 millones de habitantes que no hacen más que crecer y que encuentran su mayor reserva de proteína animal en un mar que estamos esquilmando. De hecho, los pulpos ‘de Galicia’ provienen en buena parte del banco sahariano, pues, debido a la sobrepesca, queda solo una décima parte de los que había hace 20 años. España, Italia, Grecia y Japón son los mayores consumidores, pero otros acaban de descubrirlo como el manjar que es y lo reclaman en sus mesas –es el caso de Estados Unidos–, lo que ha provocado un aumento de los precios.

«La humanidad se enfrenta al reto de alimentar a 9.000 millones de habitantes –explica José Carlos Báez, investigador del Instituto Español de Oceanografía (IEO)–. Y la solución pasa por un mejor reparto de los recursos y un uso más racional de los alimentos, pero el problema de la proteína animal, importantísima para el desarrollo de los niños, seguirá estando. Debemos encontrar nuevos productos fáciles de producir que suplan la falta de proteína animal, y el pulpo podría ser un firme candidato».

Pero su cría en cautividad es muy compleja. Primero porque conlleva, según Báez, «un problema técnico y un enigma científico. Los pulpos tienen un ciclo de vida corto, uno o dos años, pero es tan complejo que hay fases que no se sabe bien cómo mantenerlas en cultivo. Además, cuando se reproducen mueren de agotamiento (semélparos). El enigma es saber: ¿cómo alimentar a esos animales en su estado juvenil para favorecer su crecimiento y evitar que se mueran? ¿Qué come un pulpo joven?».

Países a la carrera

Lo explica Eduardo Almansa, investigador del Centro Oceanográfico de Canarias, en Tenerife, donde llevan años estudiando este problema(junto al centro de Vigo, ambos del IEO) y acaban de patentar un sistema para hacer rentable su cultivo. «Los juveniles y adultos consiguen un buen crecimiento y viabilidad cuando se alimentan con crustáceos, moluscos o pescado de poco valor en el mercado, lo que aumenta la rentabilidad. No obstante, se está trabajando en el diseño de piensos similares a los usados en los peces». El IEO ha vendido la patente a la empresa Nueva Pescanova, que ha conseguido no solo que un pulpo nacido en acuicultura llegue a su edad adulta sino que se reproduzca fuera de su hábitat natural. Están criándolos en Galicia y aseguran que el producto estará en el mercado en 2023.

«El principal cuello de botella –prosigue Almansa– era que las larvas no superaban las primeras semanas de vida en cautividad. En el IEO hemos patentado una técnica de cultivo con la que conseguimos una buena supervivencia y crecimiento de estas larvas. No obstante, se trata de resultados de laboratorio, por lo que ahora es la empresa quien se está encargando de comprobar si la técnica es rentable a nivel comercial». Otros países como Japón se encuentran también a la carrera de cultivar estos animales: «Han publicado estudios interesantes, pero aún no hay datos verificables que indiquen que se puede conseguir su cultivo a nivel comercial». Lo mismo ocurre en México, aunque son variedades diferentes con necesidades dispares.

Problema ético y ecológico

El hecho de que el pulpo sea tan inteligente –tras el delfín, es el más listo del océano– podría suponer un problema ético: «Es muy inteligente para ser un invertebrado, un pariente cercano al caracol –aclara José Carlos Báez–, pero un caballo o un cerdo son más inteligentes y también se crían para alimentación. Es una cuestión de bienestar animal. Si los animales están en unas condiciones óptimas no debería suscitarse un problema bioético». En 2010, la Directiva europea sobre Bienestar Animal incluyó a los pulpos –en general a los cefalópodos–, los primeros invertebrados en entrar en la lista, «lo que implica que su experimentación y manejo debe evitar todo tipo de sufrimiento y estrés», aclara Almansa. Así, los tanques donde se ha experimentado con ellos en Tenerife se tapan con una tela de rafia negra para simular la oscuridad que el pulpo busca en las oquedades de la roca y por la profundidad a la que vive, unos 50 metros. Y también se les proporcionan ‘juguetes’ como botes para abrir con el objetivo de ayudar a su normal desarrollo.

Existe otro problema, el daño que estas granjas causan a ecosistemas de la zona: «Las zonas de cultivo de animales marinos pueden ser foco de enfermedades para las especies salvajes –admite Báez–, y las de alrededor se desnaturalizan, como una granja de cerdos en un bosque virgen. Se debe alcanzar un equilibrio entre producción y rentabilidad e impacto ecológico».

Las opciones serán dos, informa Almansa: «jaulas marinas similares a las de los peces aunque mejor cerradas, pues los pulpos se escapan con una facilidad tremenda, o tanques de cultivo en tierra con filtros y otros sistemas de limpieza para evitar la contaminación del agua o la presencia de especies no deseadas. Y se pueden cultivar en cualquier zona donde se encuentre la especie de manera natural».