Gastrohistorias

El cocido rimado

20/06/2020

Entre los numerosos amantes del puchero tradicional han figurado artistas como el escritor y periodista José Fernández Bremón, quien en 1891 dedicó a este plato un famoso poema

A principios de 1891 el escritor gastronómico Ángel Muro Goiri (1839-1897), de creciente popularidad gracias a sus ‘Conferencias culinarias’ publicadas en prensa, manda a 300 medios escritos de toda España una carta pidiendo recetas típicas de cocido. En concreto quería recibir de los lectores fórmulas «abundantes en pormenores para hacer el puchero diario en casa de una familia de cuatro o seis personas de clase media en esa ciudad o en algún otro punto de la provincia». Con las recetas recibidas pensaba Muro armar un libro que se titularía ‘El Puchero’ y estaría plenamente dedicado a cantar las glorias del cocido nacional en sus múltiples y deliciosas versiones regionales, proyecto que desgraciadamente se quedó en agua de borrajas pero al que debemos dos pequeñas obras maestras de la historia culinaria española: la primera, la receta rimada del puchero canario (la más antigua conocida) que le envió un lector isleño; y la segunda, un poema firmado por el periodista y escritor José Fernández Bremón (1839-1910).

Director de ‘La Época’ y de ‘La ilustración española y americana’, Bremón hizo sus pinitos también en el teatro, el cuento y hasta en la ciencia ficción. La poesía no fue su fuerte pero sin embargo decidió optar por la lírica para contestar al llamamiento cocidista de Ángel Muro, y ni corto ni perezoso mandó su particular receta a la revista ‘Blanco y Negro’ de ABC, donde el gastrónomo madrileño solía también colaborar. Así pues el 18 de octubre de 1891 apareció en ese medio el poema «El cocido», dedicado a Muro y atribuido –aunque lo firmara Bremón– a un tal Joaquín García Cornejo, supuesto vecino de Madrid y fabricante de mariposas (pequeñas lámparas de noche) de la calle de Toledo. El señor Cornejo por supuesto no existía, pero dio pie a que Ángel Muro contestara a Bremón en otro artículo contando, en tono de chanza, cómo había recorrido Madrid en su busca para que le invitara a cocido. Puede que no sea una cumbre de la poesía española, ni mucho menos, pero nos permite conocer los ingredientes de un cocido normal y corriente de la época y muchos otros elementos de la dieta habitual en la capital, desde el vino de Valdepeñas hasta las aceitunas de Pastrana (Guadalajara).

‘El Cocido’

José Fernández Bremón (Blanco y Negro, 18 de octubre de 1891).

«Con medio kilo de vaca / y diez céntimos de hueso, / un cuarterón de tocino, / un buen chorizo extremeño / y garbanzos arrugados / que ensanchan en el puchero, / sale en mi casa un cocido / que nos chupamos los dedos.

Cuando llega la matanza / se compra hocico de puerco / y echo un cuarto de gallina / si hay en casa algún enfermo. / Solemos tomar la sopa, / arroz, sémola o fideos; / si es de pan, con hierbabuena; / los macarrones con queso.

Nunca en su tiempo perdono / los nabos foncarraleros, / las judías de La Granja / y los cardillos más tiernos. / Mi ensalada es de escarola, / de lechuga o de pimientos; / el gazpacho es muy sencillo, / con poco pan y muy fresco.

Mis postres no son de lujo: / torrijas, miel, higos secos, / albillo dulce en otoño / y uvas de cuelga en invierno. / Con cebolletas y rábanos / mi mesa a veces refuerzo, / y aceitunas de Pastrana / que yo mismo me aderezo. / En fin, me gustan -y acabo- / el pan blanco recién hecho, / mantel limpio los domingos / y Valdepeñas del bueno.

Así comieron en casa / mis padres y mis abuelos; / como es sana la comida / todos morimos de viejos. / Cuando quiera usted probarla / a las doce lo ponemos, / que a la española se come / el cocido madrileño. / Téngame usted por su amigo, / Joaquín García Cornejo, / fábrica de mariposas / en la calle de Toledo».