Gastrohistorias

El badulaque más allá de Apu

09/05/2020

Antes de que Los Simpson asociaran la palabra «badulaque» a los pequeños supermercados este término significó, entre otras cosas, un guiso de cocina

Mucho ha llovido desde el 20 de enero de 1991, día en el que se emitió en España el primer capítulo de ‘Los Simpson’. Desde entonces esta serie de dibujos animados ha permanecido 31 temporadas en antena y no solamente nos ha acompañado prácticamente todos los días, sino que su enorme popularidad ha popularizado por ejemplo expresiones como «mosquis», «multiplícate por cero» o «badulaque». Serán muchos los lectores que únicamente asocien la palabra «badulaque» a la tienda de Apu en Springfield y, por extensión, a los pequeños supermercados o colmados regentados por inmigrantes con amplio horario de apertura y un poco de todo en las estanterías. De momento esa acepción no aparece en el diccionario de la Real Academia, pero poco faltará para añadirla a las cuatro que sí vienen recogidas en nuestro vocabulario oficial: afeite compuesto de varios ingredientes, chanfaina, persona necia y persona impuntual en el cumplimiento de sus compromisos.

De todas ellas la más habitual hasta ahora era la peyorativa. Es decir, llamar «badulaque» a alguien inconsistente, poco fiable y tirando a la estupidez supina, uso del término que a ustedes igual les suena completamente ajeno pero que aparece profusamente en la prensa y literatura españolas del siglo XIX. Las novelas de Galdós están llenas de badulaques, badulaquerías, badulacadas y de gente badulaqueando, todas ellas voces ahora olvidadas pero que llegaron a estar en uso y fueron debidamente incluidas en los diccionarios de castellano. También allá por el siglo XVI badulaque significó la mezcla frívola o innecesaria de varios ingredientes. Un batiburrillo, vaya, vínculo que nos lleva realmente al quid de la cuestión de este artículo y que no es otro que descubrir que el badulaque también fue una receta de cocina.

En concreto, y tal y como lo definió Sebastián de Covarrubias en su ‘Tesoro de la lengua castellana’ de 1611, un «guisado de carne menuda dividida y cortada en pedazuelos con el caldo o menestra espesa». Debido al pequeño tamaño de los trozos que componían el guiso, el lexicógrafo toledano apuntó a que el origen etimológico de «badulaque» podía estar en el verbo hebreo Badal, que significa dividir o separar. Ahora la augusta Academia cree que viene del mozárabe berdiláqaš (verdolaga), pero lo importante es que esta misma institución aceptó en 1726 y como primera acepción badulaquera la del mismo guisote de Covarrubias, con la precisión de que se componía de «livianos y bofes, como lo que comúnmente se llama chanfaina». Es decir, que el badulaque era supuestamente un mejunje espeso hecho con pulmones de animal o asadura y por asociarse esta comida a la poca sustancia se denominaba también badulaque al «medio bobo de poca o ninguna actividad y maña».

No he encontrado ninguna receta antigua de badulaque pero no por eso hay que pensar que Covarrubias se inventara lo que era. Primero, porque al ser un plato de casquería pertenecería en todo casi a la cocina pobre o popular, ausente de los únicos recetarios españoles (los aristocráticos) que de ese tiempo han sobrevivido. Y segundo, porque en otros diccionarios previos al Tesoro de Covarrubias ya se había hablado del badulaque como de una preparación culinaria: por ejemplo el ‘Tesoro de las dos lenguas francesa y española’ (1607), del francés César Oudin, traducía la palabra como «picadillo de salsa espesa, bazofia».

Muy bien, pero entonces ¿por qué demonios la tienda de Apu en ‘Los Simpson’ se llama El Badulaque? Pues resulta que sólo es así en España: en Latinoamérica se tradujo el nombre original de Kwik-E-Mart (un juego sonoro de palabras con el inglés quick, rápido) como MiniSúper. Fue a Carlos Revilla, primer director de doblaje de la serie en España, a quien se le ocurrió bautizar así el entrañable negocio del indio Apu Nahasapeemapetilon. Revilla falleció hace 20 años y aunque el término se ha seguido usando en posteriores temporadas, se desconoce la razón por la que lo eligió. Quizás para que una palabra antigua y casi olvidada volviera a la vida, a pesar de que sea sin salsa.