¿Qué es el colágeno?

16/08/2018

El colágeno está presente en nuestra piel, huesos, tendones y en otras estructuras del cuerpo pero, ¿sabemos cómo se forma?, ¿cuáles son sus funciones en nuestro organismo? o ¿qué ocurre con esta proteína cuando envejecemos? Una dermatóloga y una reumatóloga nos lo explican.

ETIQUETAS:

La doctora Borregón indica que las fibras colágenas son flexibles pero ofrecen gran resistencia a la tracción.

Según explica la dermatóloga, “se encuentran en la piel, a la que dan elasticidad. En este órgano se organizan entrecruzadas, de manera similar a los cestos de mimbre. También están en los tendones, dispuestas en paralelo para aumentar la fuerza. En los huesos y en la córnea del ojo forman finas láminas, lo que aporta consistencia al tejido. También

forman parte de la pared de estructuras como el esófago o las arterias”.

Una cadena de proteínas.

Asimismo, María Luz García Vivar, reumatóloga en el Hospital Universitario de Basurto (Bilbao, norte de España) y portavoz de la Sociedad Española de Reumatología, explica que el colágeno “es una familia de proteínas que se componen de un conjunto de tres cadenas polipeptídicas (de unos 1.000 aminoácidos por cadena) agrupadas en una estructura tridimensional helicoidal (una hélice). Son, por tanto, estructuras grandes muy ricas en ciertos aminoácidos como prolina, lisina y glicina”.

La doctora García Vivar apunta que existen más de 20 tipos de colágeno en los mamíferos, con ligeras diferencias en su secuencia de aminoácidos, y que se clasifican en base a su función o localización en el organismo.

“Los más abundantes son el colágeno tipo I (presente en la dermis, los huesos, los

tendones, la dentina y la córnea); el colágeno tipo II, que se encuentra sobre todo en el cartílago; el colágeno tipo III del tejido conjuntivo laxo (vasos sanguíneos, etc.) y el tipo IV (lámina basal de los epitelios)”, detalla.

“Las fibras de colágeno pueden considerarse el sostén de los tejidos de los que forman parte, pero no sólo esto, pues también participan en otras funciones como facilitar el paso de ciertas sustancias y mantener la hidratación”, precisa la doctora García Vivar.

“En el sistema musculoesquelético, la proporción de diferentes tipos de colágeno aporta propiedades biomecánicas a las distintas estructuras. Por ejemplo, el colágeno tipo I, presente en huesos y ligamentos, confiere resistencia a la tracción, y el tipo II, abundante en el cartílago, está más relacionado con la resistencia a la presión. Por tanto, la presencia de colágeno en estas estructuras permite su correcto funcionamiento”, añade la

reumatóloga.

¿Qué es el colágeno?
Colágeno y envejecimiento.

“A medida que cumplimos años va disminuyendo la capacidad de nuestro organismo para sintetizar colágeno, de manera que se calcula que el que tenemos a los 30 años es casi la mitad del original”, expone la doctora Borregón.

De igual modo, la doctora García Vivar subraya que con la edad “vamos perdiendo la capacidad de reponer el colágeno de los tejidos y ocasionalmente este aparece defectuoso o mal ensamblado, lo que se acusa de forma universal. Entonces empezamos a presentar envejecimiento en la piel (arrugas, trastornos de coloración); en los vasos sanguíneos (fragilidad capilar, por ejemplo). También aparecen trastornos degenerativos en las articulaciones, con alteraciones en el cartílago y en el hueso, lo que se conoce como artrosis”, aclara.

La reumatóloga explica que existen cuadros conocidos de déficit congénito por trastornos genéticos que afectan a la producción de algún tipo de colágeno.

Suelen ser leves y sólo se traducen en cuadros de hiperlaxitud articular (articulaciones que permiten un rango de movimientos mayor de lo que se considera normal). No obstante, en otras ocasiones este tipo de déficit de colágeno se corresponde con cuadros más graves con severas manifestaciones vasculares (hemorragias) o musculares.

Pero si nos atenemos al proceso normal de envejecimiento, la doctora García Vivar comenta que “todos notamos el deterioro de nuestro aspecto en el pelo y en la piel y, en algún momento de nuestra vida, dolores óseos (dolor de cervicales, lumbalgia, dolor en las rodillas, etc.), así como una mínima rigidez o limitación en los movimientos. Esto es lo que

coloquialmente conocemos como artrosis”.

“El tratamiento de la artrosis siempre va a ser sintomático: paliar el dolor con medidas físicas y analgesia y mantener el movimiento en la medida de lo posible. En cualquier caso, lo más importante es la prevención, que consiste en llevar una vida sana. Para ello es necesario evitar los tóxicos como el alcohol y el tabaco, seguir una dieta mediterránea equilibrada y hacer ejercicio regularmente”, manifiesta la doctora García Vivar.

El problema de la obesidad.

La reumatóloga hace hincapié en la importancia de combatir la obesidad “porque acelera el deterioro de nuestras articulaciones, no sólo por la sobrecarga física que conlleva, sino porque provoca estados proinflamatorios en nuestro organismo y se relaciona con situaciones de resistencia a la insulina y con alteraciones de nuestro metabolismo y de nuestras funciones celulares”.

Asimismo, indica que la obesidad está relacionada con la artrosis de rodillas pero también con la artrosis de manos, por ejemplo.

En lo relativo a la piel, la doctora Borregón ofrece varias recomendaciones para prevenir la flacidez como “mantener la piel siempre bien hidratada, hacer ejercicio para tonificar, tener una dieta sana y equilibrada, evitar pérdidas de peso muy rápidas y ducharse con agua fresca y no muy caliente”.

Asimismo, existen varias opciones para tratar la flacidez, por ejemplo, “el retinol tópico; la mesoterapia; los láseres para estimular la producción de colágeno; la radiofrecuencia, que también estimula las células para producir colágeno; y el tratamiento mecánico de drenaje o LPG en el cuerpo”, enumera la dermatóloga.

¿Qué es el colágeno?

Sobre el uso de cremas con colágeno, la doctora Borregón afirma que no se puede garantizar que el colágeno que incorporan se absorba y pase a formar parte de la estructura de la piel como el colágeno original, dado que no hay estudios suficientes que demuestren su eficacia.

La dermatóloga recalca que lo más importante es seguir una dieta equilibrada, “ya que para que nuestro cuerpo fabrique colágeno necesitamos el aporte de vitaminas como la A y la C, que podemos encontrar principalmente en frutas y verduras como los cítricos, las fresas, el brócoli, las zanahorias, el tomate o las espinacas, entre otras”.

En lo referente a los suplementos de colágeno, subraya que en la actualidad no hay evidencias científicas suficientes como para asegurar que sean eficaces para la piel o para las articulaciones.

“Puede que haya gente a la que les vayan bien y podemos decir que malos tampoco son (teniendo especial cuidado en pacientes con insuficiencia renal o con cualquier otra enfermedad que precise restringir el consumo de proteínas), pero no podemos asegurar su

eficacia por falta de evidencia”, destaca.

Del mismo modo, la doctora García Vivar opina que llevar una buena dieta puede ser mucho más eficaz que el aporte de aminoácidos contenido en los suplementos de colágeno. “De todas formas, dado que en general tienen muy pocos efectos secundarios, si alguien está especialmente interesado en utilizarlos, no suelen suponer ningún problema de salud siempre que no sustituyan a otros tratamientos o indicaciones dadas por los especialistas, médicos o enfermeros, encargados de su atención”, manifiesta.