Nieves Álvarez es madre de tres hijos ya adolescentes. / r. c.

Nieves Álvarez

«Mis arrugas son sinónimo de vida»

«A mis hijos los he educado para que den a los más necesitados todo lo que no utilicen», explica la embajadora de 'Un juguete, una ilusión'

ARANTZA FURUNDARENA

En Nochevieja dio las campanadas canarias desde la isla de La Palma para RTVE. «Mis hijos estaban conmigo, pegados a la pantalla». Y el día de Reyes culminó la campaña 'Un juguete, una ilusión', de la que ha sido embajadora junto al 'duro' Luis Tosar, uno de los actores que más admira. «Si te soy sincera –confiesa– me reía mucho cuando me tocó grabar porque me imaginaba al Rey Mago amenazado por las peticiones de Luis para los peques ja, ja, ja...». Nieves Álvarez ha entrado en 2022 con la agenda laboral repleta y la convicción de que en lo personal «aún quedan muchas ventanas por abrir». De 2021, en cuyo verano se produjo su ruptura con el abogado Manuel Brosseta tras un año de relación, lo mejor que la modelo acierta a decir es... «que ya terminó».

Vestida con un imponente diseño semitransparente firmado por el sevillano Nicolás Montenegro a base de tul, terciopelo negro, cristal y plumas de avestruz cosidas a mano, una espectacular Nieves Álvarez recibía el nuevo año desde La Palma, comiendo rodajas de plátano en lugar de uvas, junto al presentador grancanario Roberto Herrera. Y lo hacía, como ella dijo, «pisando fuerte», calzada por el palmero universal Manolo Blahnik. «No estáis solos, comienza el año de la reconstrucción», les dijo a los afectados por la erupción del volcán. «¡Ha sido una experiencia inolvidable y llena de emociones! –exclamaba la modelo días después–. Estar al lado de todos ellos, conviviendo y escuchando sus historias ha sido muy especial». Y añadía: «Debemos ayudarnos los unos a los otros en estos momentos tan difíciles donde la soledad se ha convertido en la compañera de muchas personas».

Esta semana también ha sido especial para la presentadora de 'Flash moda' por su papel de embajadora en la XXII campaña 'Un juguete, una ilusión', promovida por RTVE y la fundación Crecer Jugando, que este año tenía como objetivo entregar 300.000 juguetes a niños en situación de vulnerabilidad a través de la venta de un bolígrafo solidario. «Para mí el día de Reyes es uno de los más bonitos del año. Recuerdo lo emocionante que era dejar el agua a los camellos, los turrones a los Reyes y su bebida, con una ilusión y un nerviosismo precioso».

Siguiendo la tradición, la pequeña Nieves escribía a sus majestades de Oriente extensas cartas en las que «tras convencerles de mi magnífico comportamiento y exponerles mis promesas de mejorar mi conducta con mi hermano etc. procedía directamente a los tres regalos que podía pedir». Entre ellos siempre había alguna muñeca, especialmente las 'Barriguitas', que eran sus preferidas. También libros, «porque mi padre es un gran lector y yo he heredado esa afición desde muy pequeña».

Hoy, los tres hijos que tuvo con su ahora exmarido, el fotógrafo italiano Marco Severini, ya son adolescentes. Adriano tiene 16 años y los mellizos Brando y Bianca cumplieron en noviembre los 14. «Los he educado siguiendo la tradición de mi infancia –detalla la presentadora–, que valoren lo que tienen, sepan lo afortunados que son y den a los más necesitados todo aquello que no utilicen y pueda hacer felices a otras personas». El Belén y el árbol de Navidad nunca faltan en el hogar de la modelo. Y bajo ese árbol siempre hay «algún regalo gracioso que forma parte de la tradición y que, aunque a Brando no le gusta, se repite año tras año y nos reímos. Yo por mi parte siempre me pido un Lego de arquitectura, y mis hijos ya se desesperan», bromea Nieves.

Superar la anorexia

Hiperactiva por naturaleza («detrás de mi apariencia calmada se esconde un torbellino», confesó una vez en estas páginas), y tan sincera como para relatar a través de un libro cómo superó sus graves problemas de anorexia, Nieves Álvarez ha tocado el cielo como supermodelo en las principales portadas y pasarelas, ha sido musa de Saint Laurent, Dior y Armani, pero ella insiste en que nunca ha dejado de tener los pies en la tierra. «Vivo en un mundo real, soy madre de tres hijos y me enfrento a los mismos problemas que todas las madres, luchas e inquietudes. Siempre he diferenciado muy bien mi vida profesional de mi realidad personal».

A sus espléndidos 47 años, esta madrileña no oculta que le gusta cuidarse. Pero matiza: «Lo hago por mí y para mí». Y asegura que envejecer no le obsesiona... «El paso del tiempo quiere decir que vivo, mis arrugas son sinónimo de vida, de madurez, de experiencia. Sería absurdo pretender tener la cara de hace 20 años», declara rotunda.