«Realizo documentales no solo desde el corazón sino desde el hígado»

La canaria Mercedes Ortega posee una trayectoria de 27 años en diferentes sectores del audiovisual en los que ha trabajado como presentadora de televisión, actriz, directora y productora de documentales. Su último trabajo, Mujeres al alba, visibiliza el empeño de diez mujeres rurales en el contexto de la economía y la sociedad rural de Canarias. La realizadora inauguró el miércoles, en el centro cultural Gran Canaria Espacio Digital, a las 18.30 horas, con la conferencia La mujer y el audiovisual, el ciclo denominado Empoderarte impulsado en el marco del programa Marzo-Mujer por la consejería de Cultura que dirige Guacimara Medina.

En ese documental de 50 minutos que se proyecta tras su intervención, la actriz ofrece “una mirada muy diferente hacia la mujer canaria, retratada desde la admiración y el agradecimiento más profundo, entendiéndola como la gran generadora de nuestra cultura. La fortaleza de todas ellas reside en la generosidad, trabajo, amor a su gente y a su tierra”. Ortega, que confiesa que “el género documental me resulta apasionante como herramienta fundamental para transformar, mientras que el cine de ficción, no tanto”, tiene claros los rasgos estéticos que identifican sus propuestas.

“En las realidades que retrato, por muy duras que sean, busco la belleza en una necesidad de retratar los mundos interiores de las protagonistas, sus emociones, sus raíz......Intento embellecer sus entornos venciendo los obstáculos de la hostilidad real que las rodea, siempre busco en cada plano lo onírico, lo poético... Equilibrar de alguna manera la crudeza de unos testimonios a veces demoledores con una mirada que intenta ver más allá, que se encuentran en el realismo mágico. La sensibilidad es la herramienta más poderosa para contar una historia, para encontrar no solo lo más humano de cada uno, sino que deja una huella en nuestro recuerdo, y eso es al final lo que transforma nuestra consciencia”, sostiene la directora.

Cuando se le pregunta que si se hace cine como se es o como se puede, contesta que se debe hacer cine como único se puede hacer, “con determinación, porque los obstáculos se vencen con voluntad y creatividad. El cine documental es una necesidad para los que creemos en él, es una herramienta esencial para la sociedad y eso no se puede negociar. Los que hacemos documental no solo lo generamos desde el corazón sino desde el hígado, en ese lugar de nuestro cuerpo que filtra para seguir funcionando”.

Ortega, que comparte programa en el ciclo ‘Empoderarte’ con la cantante Amparanoia, la también realizadora argentina Lula Gómez y la dibujante catalana Raquel Riba, confiesa que la primera vez que escuchó el término empoderarte fue hace muchos años, en una reunión de una comunidad de mujeres indígenas en Guatemala. “Me impactó, no solo el vocablo, sino el sentido y el valor que ellas le imprimían, en un contexto muy complejo, con un entorno tremendamente hostil, xenófobo, brutamenente machista, con una situación de pobreza extrema. Ellas proclamaban con esta declaración enfrentarse ante todas las adversidades más palpables. Sentí lo que realmente era: tener coraje, ser valiente”, dice. Opina que al reto principal al que se enfrentan los movimientos feministas en el siglo XXI es que “la lucha por los derechos de la mujer ponga un punto final, porque ya estén conseguidos todos los retos en todas las partes del planeta”.

Reconoce que vive su carrera “con mayor responsabilidad y madurez, pero con la misma pasión de siempre, que me hace levantarme todos los días con la mirada puesta en superarme cada día”. La directora reconoce que en sus reducidos equipos casi siempre hay más hombres que mujeres. “Las mujeres que han trabajado en mis equipos son el latido del proyecto. Pero mis voces hasta ahora son todas femeninas y ha sido una experiencia muy dura en algunos casos para los hombres del equipo estar tan próximos a esas realidades que desconocían y al mismo tiempo descubrir que la mayoría de las problemáticas parten de las desigualdades de genero. Ha sido muy gratificante sentir que la mirada de mis compañeros se engrandecía trabajando con protagonistas femeninas”, agrega. Sobre el futuro del cine en sala, acosado por la avalancha de series de televisión y nuevos formatos de consumo advierte que “desgraciadamente, el cine de sala ha pasado en estos últimos años a un tercer plano, no tiene la relevancia que tenia antes, pero no podrá desaparecer, es demasiado importante la experiencia de sentarse en una sala frente a una historia para que desaparezca del todo”, concluye.