¿Jaque mate al fútbol y su industria?

05/04/2020

La recesión actual, con pérdidas económicas multimillonarias, arrincona como nunca al deporte rey, cuya viabilidad está en cuestión por el parón y aplazamiento de competiciones, además la incógnita respecto a cuándo volverán los partidos

De entre las sentencias célebres que han encumbrado al mundo del fútbol por encima del bien y del mal, hay dos que, por su ilustrativa capacidad de síntesis, jamás han perdido impacto. «El fútbol no es una cuestión de vida o muerte, es mucho más que eso» (Bill Shankly, legendario entrenador inglés del Liverpool). Y otra que tiene autoría dividida, pues se atribuye, a partes iguales, a Arrigo Sacchi y a Jorge Valdano. Da un poco igual. Su esencia es bestial: «El fútbol es la cosa más importante de las cosas menos importantes». Ahora el planeta, compungido por el coronavirus, llora en masa la ausencia de su deporte más universal, paralizadas las grandes ligas, aplazados los torneos internacionales y sin fechas confirmadas para el retorno de las competiciones.

Con el balón quieto, la colosal industria que se mueve alrededor, derechos de televisión, patrocinios, taquillas, explotación de marcas, apuestas y venta de productos oficiales, ahora permanece congelada, con un impacto brutal en el tejido financiero de cada país. Porque el fútbol, el ecosistema en el que se mueven los clubes profesionales, supone uno de los dinamizadores del producto interior bruto de España, representando el 1,37% con 185.000 empleos directos.

Jaume Roures, fundador y responsable de Mediapro, grupo audiovisual líder en el sector, ha cifrado en unos 7.500 millones de euros las pérdidas que se originarían si no se puede terminar la campaña en Primera y Segunda División. La Champions League y la Liga Europa, eventos en los que están inmersos Barcelona, Real Madrid, Atlético de Madrid, Sevilla y Getafe, aumentan la hemorragia a escalas insostenibles.

Otras voces autorizadas no se mueven en hipótesis y ya consideran irreparables los daños causados por el mes de inactividad que está a punto de cumplirse. Anticipan, en consecuencia, una recesión sin precedentes en LaLiga, considerado el mejor escaparate del balompié en los cinco continentes. «Se acabaron los fichajes de 100 millones», vienen a decir todos. Con los presupuestos de los clubes en el alambre y abocados al desfase por cerrarse el grifo de los ingresos, ahora escasean las respuestas al interrogante gigantesco que ha instalado esta pandemia cuya extinción todavía no se vislumbra.

Luis Rubiales, presidente de la Real Federación Española de Fútbol, y Javier Tebas, su homólogo en LaLiga, centran sus esfuerzos en tratar de reactivar los calendarios pendientes en todas las categorías. Enemigos tradicionales, que no han parado de inflamar el fuego cruzado, ahora se ven unidos por la necesidad de reflotar la marca del fútbol español. Coinciden en mensajes prudentes y que otorgan esperanzas a medio y largo plazo. Pero la gran cuestión que no pueden despejar es la fecha para regresar a los campos (se da por hecho que, en primera instancia, a puerta cerrada). «La temporada se tiene que acabar y se va a acabar», han dicho uno y otro, ya con un protocolo de trabajo previsto y en el que se contemplaría la vuelta escalonada a los entrenamientos, con aislamientos establecidos, y, posteriormente, un programa de partidos atípico, con dos o tres por semana para solventar todo lo que no se ha jugado sin invadir el verano. Una fórmula que casaría con las intenciones de la UEFA que, en concordancia con lo que se maneja en el concierto continental, maneja la disputa de la Champions en los meses de julio y agosto, ya con la Eurocopa pospuesta para 2021. Hay, también, voces discordantes con el empeño de no dar por cerrada la capaña 2019-20, como ya han hecho en Bélgica, que ya tiene campeón.

Lo inquietante, más allá de eso, es no saber todavía cuándo acabará un virus que amenaza con el jaque mate al fútbol.