El paraíso era una pelota y unas cholas

13/02/2020

El día a día del centro de internamiento de Barranco Seco es una sucesión de pequeños detalles que juegan en contra de los inmigrantes que, además de estar desasistidos jurídicamente, los fines de semana no cuentan con médico o intérprete

En un patio del tamaño de una cancha de baloncesto, entre 100 y 150 hombres que conviven en el centro de internamiento (CIE) de Barranco Seco salen dos veces al día -en turnos de dos horas- a jugar a la pelota. Con alguna excepción individual, esta es la única actividad -de ocio, formativa o cultural- que disfrutan. Las veinte horas restantes, de cada día, están en los pabellones. Unas instalaciones que, como definió el juez de control, Arcadio Díaz Tejera, en un auto emitido recientemente, mantienen la estructura de las cárceles de la dictadura.

Más allá de las circunstancias legales de cada extranjero o la polémica en torno a las devoluciones de ciudadanos de Malí, su jornada diaria es un cúmulo de detalles que convierten su ansiada llegada al paraíso en sesenta días en el limbo, a pesar de que el único derecho fundamental que tienen restringido es el deambulatorio, aún no habiendo cometido ningún delito.

Díaz Tejera abunda en la denuncia que realizó en su auto respecto a las condiciones de vida de los inmigrantes en el CIE y señala que «están peor que en un centro penitenciario». Como ejemplo, indica que la prisión grancanaria del Salto del Negro cuenta con 140 voluntarios para realizar actividades formativas. Barranco Seco tiene el apoyo de dos trabajadores sociales de Cruz Roja. Todos los internos, agrega, ha mostrado su interés por aprender español, pero no tienen quien les enseñe. «Si se consigue para los condenados por los tribunales, cómo no se puede conseguir para quienes no han cometido ningún delito», insiste Díaz Tejera.

En ese día a día, y en un centro que según el juez es «horroroso», y que no debió ser recepcionado por las múltiples deficiencias que presenta a pesar de las obras de remodelación que costaron 1,5 millones, cambiar cada pequeño detalle que dificulta la vida a los inmigrantes es un mundo que requiere no solo negociación, sino mano izquierda.

Y es que, como explica, en los pabellones, y debido a la concentración de tanta gente, el olor es intenso. Para paliar esta situación, ha negociado con los extranjeros cholas y ropa interior a cambio de un mayor uso de la ducha. El problema es que adquisición de las zapatillas las debe gestionar Cruz Roja y vienen de Madrid. Para agilizar el proceso, intenta que distintas entidades se comprometan con su causa y tiene como objetivo llevar al centro 400 pares de chanclas.

En estas visitas al CIE, el juez también ha detectado que uno de los problemas de los internos son las dificultades para comunicarse por teléfono. Su empeño está ahora en conseguir que alguna empresa «subvencione la compra de cinco routers para instalarlos en el patio». Insiste en la falta de actividad de estos jóvenes que, durante bastantes días, dice, lo único que vieron en la televisión fue a una vidente echando las cartas «porque no tenían el mando a distancia». La maquina de tabaco también estaba fuera de su alcance, igual que la máquina para cambiar moneda.

En Barranco Seco hay dos comedores, pero solo se utiliza uno -en cuatro turnos- ya que el segundo no cuenta con mobiliario «antivandálico», es decir, fijados al suelo. A pesar de su insistencia en que se puede comprar en la isla, la respuesta hasta ahora es que debe ser comprado por Interior. Algo que ha mejorado, señala, es la comida. En la primera visita, Díaz Tejera constató que el menú no era el adecuado para gente joven. «Había potaje de verduras con mucha agua, muchas papas y poca verdura»- y tortilla de papas de segundo. Ahora la alimentación es más equilibrada.

A favor de los inmigrantes, dice el juez, están «complicidad, la exquisitez en el trato y la bonhomía de la policía».

Los fines de semana, ni médico ni intérprete

Desasistidos.

Tal como recoge el auto emitido por Arcadio Díaz Tejera, a excepción de la consulta con el abogado de oficio que les atendió en la costa, los inmigrantes han estado «desasistidos» de todo tipo de asesoramiento jurídico durante su estancia, lo que genera una situación preocupante, sobre todo por los naturales de Malí, aunque subraya que «empieza a haber modificaciones y ya no se diferencia entre malienses del norte o de otras zonas del país».

Interés por aprender español.

Además, apunta el juez de control que Barranco Seco sólo cuenta con intérprete los días laborables. Los sábados, domingos y festivos no acude ningún traductor al centro, tal como explicó en su auto. En sus visitas, señala, ha contado con la colaboración de un inmigrante como intérprete. Insiste en que todos los internos han manifestado su interés por aprender español, sin que hasta ahora se les haya facilitado esta posibilidad.

Denuncia.

Por otro lado, la Plataforma Canarias libre de CIE denunció ayer que los internos del centro de internamiento de Barranco Seco no tienen acceso a su historial clínico y que no a todos se les somete a una revisión médica tanto cuando ingresan en el centro como cuando lo abandonan, tal como aseguró el portavoz de Médicos del Mundo Iriome Rodríguez. Subrayó además que «no hay atención sanitaria ni por las noches ni los domingos».