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Francisco Franco desembarca en Canarias ante un comité de recepción integrado por mujeres vestidas con trajes típicos de las islas. Fedac
50 años del 20 N

Aniversario de la muerte de Franco en Canarias: «Chacho, ya se murió el viejo»

España conmemora el fallecimiento del dictador que lideró la autocracia en la que el país vivió las cuatro décadas posteriores a la Guerra Civil. Su óbito abrió un periodo de libertades que desde el enfoque del archipiélago quedó inconcluso y aún colea

Miércoles, 19 de noviembre 2025

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España, siempre convulsa y entre dos banderas, conmemora las cinco décadas de la muerte del dictador Francisco Franco, con nocturnidad y alevosía, la madrugada del 20 de noviembre de 1975 en el madrileño hospital de La Paz. Todo aquel que se encontrara en pleno estado de consciencia ese día recuerda dónde fue encapsulado en aquel momento histórico. Es el caso, por ejemplo, del escritor grancanario Juan Jesús Armas Marcelo, que una década después, en las páginas de este periódico, rememoró el momento en el que el poeta Jorge Rodríguez Padrón le despertó de un telefonazo y le dijo: «Chacho, ya se murió el viejo».

La célebre intervención televisiva del presidente Carlos Arias Navarro –«Españoles, Franco ha muerto»– desató las dolientes reacciones de la oficialidad y el estatus quo nacional; y liberó las emociones más primarias de los contrarios al régimen autocrático que, durante 39 años, ocho meses y 20 días, gobernó con puño de hierro el país que siguió a la Guerra Civil.

Con la muerte de Franco se cerraba un largo episodio, el que quedó inaugurado tras la victoria de la rebelión fascista con el golpe de estado de 1936. Un recuerdo hoy difuso por la tecnocracia de sus años de agonía y el intento de algunos sucesores ideológicos de reescribir la historia, pero que a su paso sembró muerte y miedo. Por supuesto, también en Canarias. «La dictadura fue algo bastante palpable que supuso 40 años de un modelo autoritario basado en la imposición violenta de una victoria que atraviesa a varias generaciones», señala el doctor en Historia Juan Manuel Brito.

La hemeroteca del 21 de noviembre muestra el amanecer de una Gran Canaria en contención por la muerte del dictador. No todos pudieron comunicarse con la expresividad que usaron en la intimidad Rodríguez Padrón y Armas Marcelo. El desaparecido 'El eco de Canarias' aterrizó, con la tinta aún fresca, en las calles de Las Palmas de Gran Canaria a las 04.45 horas y la galería de imágenes que aquel día recogió el inolvidable fotoperiodista Félix Urquijo capturó el movimiento errático de aquellas horas.

El cielo de Las Palmas de Gran Canaria fue atravesado cada cuarto de hora por una salva de 21 cañonazos que desde la Batería de San Juan, hoy abandonado Bien de Interés Cultural, marcaba el paso de un luto impuesto. Lorenzo Olarte presidía el Cabildo de Gran Canaria y acudió junto a Ortiz Wiot, alcalde de la capital, a una misa en honor de José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange.

Miedo y muerte

Eran días difíciles en los que nadie se atrevía a posicionarse firmemente aún en ninguna otra posición política que no fuera la impuesta de la sucesión monárquica. Como explica Brito, tal vez tenga que ver con que las herramientas del miedo del régimen siguieron actuando en las islas tras la muerte de Franco. «Entre la muerte del dictador y las elecciones de 1979, las primeras constitucionales, la policía franquista sigue funcionando y la práctica represiva del régimen es brutal. 20 días antes del fallecimiento de Franco asesinan al militante antifranquista Antonio González Ramos en la comisaría de Santa Cruz de Tenerife. En 1977 asesinan a Bartolomé García y después a Javier Fernández Quesada en la Universidad de La Laguna... En todo ese tiempo no se deja de detener y torturar a militantes antifranquistas y de la izquierda. El régimen, cuando se ve acorralado, lo que hace es volver a una dinámica violenta para imponer su autoridad», explica.

Todo empieza en Canarias

Desde su cargo de Capitán General en el archipiélago, Franco y los militares rebeldes organizaron el golpe de estado que fulminó la segunda república y dejó a España más de cuatro décadas sin democracia. La célebre fotografía de los futuros sublevados en La Esperanza, la última noche del inminente dictador antes de partir a la península en el Hotel Madrid de una ciudad ya llamada Las Palmas pero en la que aún no figuraba el de Gran Canaria en el apellido, forman parte de la inconografía del bando nacional. Un largo periodo histórico del siglo XX se gestó en las islas. Y de ello quedan secuelas físicas que se pueden apreciar en sus calles, elementos urbanos que cada día recuerdan la tragedia del régimen y la prepotencia de la autocracia. Es todavía polémica la resistencia del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, curiosamente gobernando por una formación nacionalista como Coalición Canaria, a la retirada del monumento a Franco eregido en el centro de la ciudad.

Franco murió la noche del 20 de noviembre de 1975, postrado en una cama con párkinson, hemorragias internas y varias operaciones para evitar su deceso. Pero su recuerdo sigue latiendo y generando controversia medio siglo después. 'El viejo' falleció a los 82 años de edad pero los que sufrieron la violencia de su modelo de Estado, o descienden de quienes la vivieron, siguen bregando en otro tipo de trinchera con los nostálgicos de la rabia.

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