El personal de emergencia traslada al bebé, fallecido en el hostpiral, los cuatro niños y las tres mujeres que viajaban a bordo de una patera rescatada el domingo al sur de Gran Canaria. / EFE

Las ONG advierten de que la cifra de fallecidos en la Ruta Canaria a final de año será «escandalosa»

Critican la falta de medios y veracidad por parte de las autoridades marroquíes, que usan la vida de los migrantes como moneda de cambio

Ingrid Ortiz Viera
INGRID ORTIZ VIERA Las Palmas de Gran Canaria

La muerte de uno de los seis niños evacuados de una patera al sur de Gran Canaria el domingo ha sobrecogido nuevamente a la comunidad canaria y ha puesto de relieve -aún más si cabe- la necesidad de dar una respuesta al drama humanitario que desde finales de 2019 se ha recrudecido en el entorno del archipiélago.

«Lamentablemente, esta es una realidad que no ha cambiado», indica Helena Maleno, activista y fundadora de la organización Caminando Fronteras. «La Ruta Canaria sigue siendo una de las más mortíferas y de forma generalizada estamos viendo un gran número de mujeres y menores que emprenden ese trayecto migratorio». A pesar de la ausencia de datos oficiales actualizados, Maleno apunta que ese incremento es fruto de las comunidades que tradicionalmente se movían por la ruta del Estrecho y que con el cierre de esta vía, en el contexto de la pandemia, se han terciado hacia el oeste atlántico. Desde la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) ya apuntaban a un incremento del 35% de estos perfiles en las embarcaciones en agosto, antes del repunte de los últimos meses favorecido por el 'mar de las calmas'. En el caso de los subsaharianos, el número de mujeres y menores supera incluso al de los hombres.

La ONG señala, también, que muchos bebés han nacido en el tránsito migratorio y un gran porcentaje son fruto de la extrema violencia sexual a la que están sometidas las mujeres; una estrategia frecuente para acallarlas y «escarmentar» al resto.

EL DATO

  • 1.851 personas han perecido en su trayecto al archipiélago en los seis primeros meses del año, según Caminando Fronteras. Hasta mediados de octubre, el Ministerio de Interior cifra en 14.720 los inmigrantes que han alcanzado la costa, un 83% más que en 2020.

Como consecuencia, la cifra de víctimas mortales también presenta un número elevado de estos perfiles. De las 2.087 personas fallecidas o desaparecidas en las distintas rutas durante el primer semestre de este año, había 341 mujeres y 96 niños, según el recuento del Monitoreo del derecho a la vida presentado por Caminando Fronteras. De este total, el 92% corresponde a la Ruta Canaria, lo que supone un incremento del 526% con respecto al mismo periodo del año pasado.

Naciones Unidas, en cambio, contaba hasta mediados de septiembre 785 vidas perdidas en el trayecto hacia el archipiélago, que en cualquier caso supone el doble de la cifra recogida en 2020.

«Son cifras escandalosas a nivel internacional -asegura Maleno- y al acabar el año me aventuro a decir que lo serán todavía más. Nos estamos enterando a posteriori de embarcaciones completas que han desaparecido con personas que venían del mismo pueblo, por ejemplo, y que siguen engrosando las listas».

Uno de los factoresmás relevantes para entender este incremento, más allá de la peligrosidad del océano, son las condiciones de las embarcaciones. La organización ha observado mayor uso de lanchas neumáticas que no cumplen los «requisitos» de navegabilidad y acaban naufragando. En principio, son más propias de las salidas al sur del continente (las zonas de Dajla y el Aiún, principalmente), mientras que los cayucos y pateras suelen salir desde el norte (Tarfaya o Agadir) y acaban con frecuencia en Fuerteventura y Lanzarote. A ello se suma la nula experiencia de navegación de las personas que viajan, lo que implica que se pierdan en el camino.

Por otro lado, la activista reclama responsabilidades ante la falta de coordinación entre las autoridades marroquíes y del Estado español. «Las embarcaciones están saliendo de zonas supuestamente vigiladas. Luego, Marruecos no avisa con la celeridad con la que debería o dice que asume rescates que le corresponderían por cercanía pero no acude», explica. En este sentido, los intereses geopolíticos del país alauita son otra pieza clave para entender el pulso que mantenienen ambos países en el control migratorio. «Que haya personas atravesando esta ruta cuestiona de quién es el territorio en tierra pero también en el mar».

Por encima de todo, sentencia Maleno, debería estar salvar vidas, pero «claramente no está siendo una prioridad. Habrá que esperar a ver qué relaciones bilaterales desarrollan los estados».