Estreno absoluto

La poética de Alberto Conejero florece en el invernadero de Silvia

13/03/2018

‘Todas las noches de un día’, del dramaturgo jienense, uno de los autores más relevantes del panorama escénico nacional, ve la luz, por primera vez, en el teatro Cuyás. Se representa los días 23 y 24 de marzo.

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La vivencia poética. El dramaturgo Alberto Conejero (Vilches, 1978) reivindica este elemento como una pieza esencial dentro de la creación escénica. No se trata de una apuesta de cara a la galería, porque este elemento es una parte esencial dentro de buena parte de las obras que lo han convertido en una de las voces autorales de referencia en España. Esta semilla vuelve a germinar dentro de Todas las noches de un día, montaje que, bajo la dirección de Luis Luque, tendrá su estreno absoluto los próximos días 23 y 24 de marzo, en el teatro Cuyás de la capital grancanaria.

«La vivencia poética es un elemento primordial en esta obra. Se la suele subestimar, pero está muy bien ir al teatro para no entenderlo todo demasiado. Todas las noches de un día cuenta con un elemento sensorial enorme. Creo que la obra se puede entender como una proposición para que el espectador realice un viaje a través de los sentidos. Creo que debemos luchar para que la poesía no desaparezca del teatro y de la experiencia colectiva», señala desde Madrid el responsable de La piedra oscura, Premio Max al Mejor Autor Teatral en el año 2016.

«La obra se puede entender como una proposición para que el espectador lleve a cabo un viaje sensorial. Hay que luchar para que la poesía siga en el teatro»

Un viejo invernadero, rodeado de urbanizaciones, es el enclave dentro del que Alberto Conejero desarrolla esta pieza y su reflexión poética. «Se trata de un espacio metafórico. El espacio es fundamental, es casi una reliquia, uno de los últimos confines de flores que sobrevive asediado por los jardines de las urbanizaciones cercanas. Es un lugar que habla de la belleza de lo inútil, que a su vez es bello. También se convierte en una especie de jaula de cristal dentro de la que están atrapados los dos protagonistas, Silvia y Samuel. Poco a poco, se convierte en un lugar hermoso y a su vez amenazado y amenazante», explica por teléfono.

Este invernadero y las plantas y flores que cuida Samuel el jardinero nacen de una pasión que cultiva Conejero desde la infancia. «Siempre me ha interesado mucho la botánica. De niño, recuerdo que tenía el juego de Botanova de plantas. Me interesa mucho la dimensión simbólica del mundo vegetal. Con éste busco que el espectador asista a una obra de alto voltaje emocional y con una enorme densidad poética», reitera.

El dramaturgo palmero Antonio Tabares, que leyó el texto de Todas las noches de un día (está editado por la Asociación de Autores de Teatro), destaca que cada estreno de Alberto Conejero «es un acontecimiento», por lo que se congratula especialmente de que el Cuyás sea el teatro en el que se represente por primera vez ante el público.

«Alberto es una persona con mucha empatía, que transmite a sus personajes. Estos están siempre muy bien creados. Tienen sus contradicciones y por eso son sólidos y están tan alejados de los prototipos», explica.

«El recuerdo es importante. El que se inventa es tan peligroso y está tan por descubrir como el futuro. Somos lo que recordamos y lo que nos recuerdan»

Tabares señala cómo desarrolla Conejero «la carga poética» con la que dota a sus textos. «Es muy poético con la palabra. Pero no se limita a ésta. Sus obras son ricas en imágenes que tienen muchos significados. Significados que van mucho más allá de lo que se ve sobre el escenario. Con esto consigue que el espectador se lleve a casa muchas cosas para analizar y roer, una vez finalizada la función», apunta.

Apuntala esta capacidad, según Tabares, en un gran conocimiento del oficio escénico. «Conoce la escena como pocos dramaturgos de su generación. De los nacidos en los años 70, sin duda es de los más sólidos y de los que mejor conoce cómo funciona el teatro más allá del espectáculo. Aún tiene un largo recorrido por delante, gracias a su enorme talento y sensibilidad», añade convencido el autor de La punta del iceberg y Tal vez soñar, entre otras obras estrenadas.

Todas las noches de un día se desarrolla como «un juego a modo de thriller en el que nos preguntamos quiénes somos y quiénes creemos ser», dice el propio autor.

En ese invernadero en el que transcurre la acción hace mucho tiempo que nadie ve a Silvia, la propietaria de la vivienda. «Me apetecía dar vida a un personaje femenino como el de Silvia. Hasta ahora, en mis obras casi todos han sido masculinos. Ahora, la sitúo con Samuel, el jardinero que intenta mantener este invernadero que parece olvidado. No soy capaz de decir cuál es el origen concreto de esta historia. Pero sí que puedo asegurar que nace de una serie de obsesiones que tengo como persona y como dramaturgo. Una es la importancia del recuerdo, el recuerdo que se inventa es tan peligroso y está tan por descubrir como el futuro. Somos lo que recordamos y también somos los que nos recuerdan otros», asegura sobre una cuestión que también flotaba en Ushuaia, Premio Ricardo López de Aranda 2013, que se estrenó el pasado año en el teatro Español de Madrid, con José Coronado como protagonista.

La poética de Alberto Conejero florece en el invernadero de Silvia

En el invernadero se presenta la policía con la intención de descubrir el paradero de Silvia. «Desde ese instante, el espectador asiste al interrogatorio que se le hace a Samuel, gracias al que comienza a descubrirse su historia con ella. Es casi una historia de amor de dos personas que eran incapaces de amar».

Carmelo Gómez y Ana Torrent dan vida a estos personajes, los únicos que pisan el escenario durante el montaje. «Estoy muy orgulloso de que ambos los encarnen. Ahora, tras ver los ensayos, no puedo pensar en Silvia y Samuel más allá de Ana y Carmelo. Son magníficos», apunta con orgullo.

Este obra es el resultado final de un largo trabajo de creación. «He perdido la cuenta de las versiones que ha tenido y las veces que la he retocado. Es bastante complejo. Al policía que interroga a Samuel, por ejemplo, no lo vemos. Samuel le habla al espectador. Se trata de un texto exigente para el director, para los actores y para mí mismo», reconoce. Incluso, durante el periodo de ensayos, llevó a cabo algunos retoques. «La mirada del director es importante. El texto siempre debe ser sacudido por la experiencia del teatro. Cada obra teatral tiene muchos padres y madres. En esta ocasión, he asistido de forma regular a los ensayos. En otros montajes no ha sucedido así, pero en este caso, la obra que se verá en el Cuyás es de muchos. Cuando esto pasa, me reconozco en ella de otra forma. He dejado algo y se me ha devuelto algo que es mío, pero no del todo. Los directores levantan una puesta en escena. Ni siquiera La piedra oscura la imaginaba completamente igual a cómo finalmente se representó. Es muy bueno que te descubran algo así. Si no, me dedicaría a escribir novelas. Me gusta que me sorprendan las decisiones que han tomado los directores».

En esta ocasión, apunta, Luis Luque lo ha conseguido. «Le agradezco muchísimo que haya aceptado dirigir una obra con tantas capas. Él tiene una gran ambición poética... es un poeta. Tiene la mirada de un poeta y eso le permite encarar bien un teatro más difícil. Su apuesta es honesta y valiente. Tiene en alta estima a los espectadores y se ha adentrado en un bosque poético tomando unas decisiones muy clarividentes», añade.

La poética de Alberto Conejero florece en el invernadero de Silvia
«En España resulta imposible vivir solo de la dramaturgia»

Alberto Conejero es uno de los dramaturgos más reputados de la escena contemporánea nacional, pero esta circunstancia no le permite vivir exclusivamente de su oficio.

«En España es imposible vivir de la dramaturgia. Trabajo en varios lugares como docente. Debo dar las gracias porque tengo la fortuna de estrenar con regularidad. Siento que existe un cariño especial por parte de los espectadores hacia mis propuestas y les doy las gracias», dice Alberto Conejero.

El responsable del monólogo Cliff, con el que ganó el 4º Certamen LAM en 2010, tiene claro que vive «un momento frágil». «En cualquier momento, no entras en el mercado. Si una función mía no va bien, no cuento con un colchón que me permita asumir ese riesgo artístico. Los corsés son cada vez más estrechos y hay que nombrar a todos los que se han quedado atrás», señala con rotundidad.

No comparte la visión generalizada entre algunos sectores que habla de que los brotes verdes son una realidad. «La salud del teatro es un termómetro del país. Mi diagnóstico es de alerta y emergencia, pero también de lucha. Hay que seguir potenciándolo todo. Basta con mirar cómo están los sueldos y la capacidad de la población para acceder a la cultura. Las condiciones laborales son cada vez más cainitas, la precarización reina y la autoexplotación va en aumento», apunta, tras lo que reconoce que ya trabaja para dirigir un texto suyo que protagonizarán seis actores y sobre el que aún es pronto para dar más detalles.

El pasado año, Alberto Conejero intervino en unos talleres promovidos por Canarias Escribe Teatro, que dirige la compañía 2RC. Su diagnóstico sobre la creación dramática isleña tras esta experiencia es muy clara :«La escritura canaria atraviesa un momento maravilloso».

Resalta que autores como Irma Correa, los hermanos Bazo, José Padilla o Antonio Tabares, entre otros, estén totalmente consolidados dentro del panorama escénico. «Que haya cuatro de una misma Comunidad Autónoma asentados a nivel nacional es muy relevante. Además, cuentan con una cantera de jóvenes absolutamente maravillosa, con voces muy dispares. Por fortuna, todo se descentraliza cada vez más. La distinción entre centro y periferia está en declive. Por eso me alegra tanto que Todas las noches de un día se estrene en el Cuyás, un teatro que admiro», puntualiza.