Félix Francisco Casanova, al completo

CARMEN DELIA ARANDA | / LAS PALMAS DE GRAN CANARIA

Dicen que a los cinco años Félix Francisco Casanova (La Palma, 1956 - Tenerife, 1976) se comió varias páginas de El Quijote. En todo caso, este hecho no explica que ya a los siete u ocho años sorprendiera a su padre -el poeta Félix Casanova de Ayala- con frases y giros insólitos, ni que a los 12 años leyera a Kafka, Herman Hesse o García Márquez o que a los 17 ganara el premio de poesía Julio Tovar, con el libro El invernadero, y solo un año después se alzara con el premio Benito Pérez Armas con su novela El don de Vorace.

En la vida y la trayectoria del joven escritor palmero hay muchas cosas inexplicables, sobre todo, su muerte con solo 19 años.

Falleció un día de enero en uno de sus habituales y largos baños por la inhalación del dióxido de carbono del termo. Nunca se sabrá si su muerte fue buscada o accidental, lo cierto es que este aspecto agranda su aura de escritor maldito.

Para Ángel Mollá, Casanova no es ni un genio ni un mito. Félix es, más que nada, su amigo íntimo de la infancia y el compinche de sus escarceos musicales y literarios en el Equipo Hovno. En su opinión, su figura se ha mitificado, más que por haber sido leído, por cuestiones extraliterarias: «por la leyenda de un suicidio que, en mi opinión, no tuvo lugar», comenta el profesor de Estética y Teoría de las Artes de la Universidad de La Laguna.

Mollá cree que, aunque su último poema fue el dedicado a su novia Eres un buen momento para morirme, su amigo no se quitó la vida porque simplemente «fue muy feliz».

Ahora, se congratula de que su legado literario se pueda calibrar con las obras completas publicadas por Demipage. «Es una noticia maravillosa», comenta Mollá, que aparece en las páginas del libro reconvertido en un personaje casi literario dentro de Hubiera o hubiese amado. Diario íntimo (1974).

Mollá dice que su amigo estaba extraordinariamente dotado para la escritura. «Hubiera sido un gran escritor», dice escocido aún por su pronta muerte. «A pesar de lo poco que vivió, en cinco años de vida literaria activa, tuvo una evolución estilística como cualquier escritor consolidado». En este sentido, Mollá detecta varias etapas. Una inicial en la que Casanova aplicó una escritura automática, extravagante y sorprendente de corte surrealista, influida por su padre, alineado en el movimiento del postismo, un cruce entre la tradición surrealista y el formalismo barroco. «Eso fue cuando escribíamos en el Equipo Hovno, a principios de los 70», explica.

Luego, en una segunda época, exhibió un gran formalismo literario que deja entrever sus lecturas de los simbolistas y poetas ingleses como T. S. Eliot.

Seguidamente, según Mollá, su escritura evolucionó hacia la claridad «fruto de la lectura de Pessoa y de autores más contemporáneos, hasta que sus poemas llegan a parecerse a letras de canciones de rock». Este elemento hace que su trabajo sea «muy actual» y que tenga un «gran éxito entre la gente joven desde hace 40 años».

Respecto a su novela, El don de Vorace, Mollá sostiene que la comenzó «de forma errática» y la acabó de manera totalmente planificada. «La empezó como un poeta y la acabó como un novelista», relata Mollá sobre la obra de su amigo al que define como «un joven flemático, con un sentido del humor irónico y una sonrisa permanente».

Junto a Félix y su hermano José Bernardo, formó el Equipo Hovno, una banda con una doble vertiente literaria y musical. «Solo tocamos dos veces en directo. Era una música muy dadaísta, mal tocada, disonante y cacofónica, pero era curiosa», rememora el miembro de Hovno, que apenas conserva unos casetes de esta aventura.

También publicaron el Manifiesto Hovno en el periódico El Día en 1972, cuando Casanova tenía 15 años. En este texto, recogido en las Obras Completas, aquellos jóvenes se rebelaban contra la realidad cultural de Canarias y denunciaron «el sistema de autobombo de escritores locales, que no valorábamos demasiado y que se dedicaban a hacerse publicidad». En el manifiesto, «escrito casi al azar», según recuerda Mollá -además de proclamar su admiración hacia grupos como Emerson, Lake & Palmer; Jethro Tull, Pink Floyd, Van der Graaf Generator o Ten Years After- estos jóvenes sedientos de libertad abogaban por derribar lo preexistente y recomponer algo nuevo a través la experimentación.

Es ese espíritu innovador el que atrajo ya hace casi una década la atención del editor de Demipage, David Villanueva. «Cuando te enfrentas a la lectura de Félix Francisco Casanova, te enfrentas a la escritura de un creador diferente y singular. Es imposible encontrar a un escritor igual», asegura Villanueva que cita a Armas Marcelo o Fernando Delgado entre los defensores canarios de su obra.

Sin embargo, la edición de las obras completas del canario no ha contado con ayudas públicas, ni siquiera las administraciones se han implicado divulgar su obra. «Es un valor que habría que defender desde allí. Para mí sería un orgullo como tinerfeño, como palmero o como canario tener a una persona como Félix. Es extraño que oficialmente no hayan dedicado ninguna ayuda, ni en forma de inversión ni como reconocimiento», explica el editor que presentará la obra en la Feria del Libro de la capital grancanaria.

¿Y si hubiera vivivido?

A Fancisco Javier Irazoki y Félix Francisco Casanova les unió la música. En 1974, cuando trabajaba en Disco Expres, el escritor vasco supo del canario a través de las extraordinarias reseñas musicales que enviaba a la revista. «Me llamó la atención su manera insólita de expresarse. Lo seguí. Con la mala suerte de que falleció con 19 años», contó hace unos meses a este diario Irazoki, quien más de 40 años después ha coordinado la edición de sus obras completas.

Las 712 páginas del volumen incluyen la novela El don de Vorace, un álbum fotográfico, los poemarios El invernadero (1973), La memoria olvidada (1974-1975), Una maleta llena de hojas (1974-1975), Agua negra (1975), Once poemas sueltos (1972-1974), Cuello de botella (1969-1973), Los botones de la piel (1969-1973) y 7 simios (1969-1973), además de cuentos, su diario íntimo, el Manifiesto Hovno, una carta enviada a la revista Disco Expres y una entrevista.

«El volumen de obra es impresionante y nos preguntamos; ¿qué hubiera hecho si hubiera vivido? Casi no me importa. Estoy colmado con la calidad que me ha ofrecido», asegura Irazoki.

Otro ilustre paladín.

Fernando Aramburu es uno de los principales valedores de la obra de Félix Francisco Casanova. De hecho, el literato acudirá a la Feria del Libro de la capital grancanaria no solo para presentar su exitosa novela Patria, sino para intervenir el 30 de mayo en la presentación de las obras completas del palmero.

No en vano, el creador vasco afincado en Berlín es el prologuista de este volumen.

En su texto, Aramburu reconoce la genialidad de las creaciones de Félix Francisco Casanova y subraya que otros escritores «necesitaron un recorrido temporal mayor para plasmar en sus obras sus grandes aptitudes».

El escritor conoció la obra del canario en su juventud. «Primero, gracias a la intervención del poeta Francisco Javier Irazoki, después con ayuda del intercambio epistolar con su padre, Félix Casanova de Ayala», indicó Aramburu en una entrevista concedida a CANARIAS7 con motivo de su reciente visita a Fuerteventura.

En un primer momento, junto a Irazoki, encontró en Casanova «un alma gemela», sobre todo por su pasión hacia el rock. «Él era como nosotros queríamos ser: irreverentes, anticonvencionales, surrealistas, propensos a un tipo de humor que admitía con naturalidad las notas negras. Mi deslumbramiento fue inmediato y todavía prevalece, aunque pasado por el filtro de las reflexiones de un hombre, no sé si sesudo, pero en cualquier caso metido en años», subraya en el prólogo Aramburu, que el 26 de junio abrirá los cursos de verano de la Universidad Complutense con una conferencia sobre el canario.

En su opinión, el valor principal de la obra de Casanova es la originalidad de un muchacho que «parece haberse saltado el paso previo de la imitación de la literatura de sus mayores».

En este sentido, Aramburu sostiene que sus letras no atienden a «tendencias poéticas, no se resigna a las fomas métricas regulares ni supedita la escritura de sus poemas a tentativas y probaturas [...] Lo suyo es distinto, aún más, es único», explica en su prefacio el novelista español más aclamado durante este año, satisfecho de que la edición de sus obras completas sirva para que la creación de Casanova siga «vigorosa y significante en el mundo de los vivos».