Comtemporánea

El paso del tiempo baila

29/01/2018

El paso del tiempo es inexorable. Nada ni nadie escapa al ritmo que marca. Los bailarines María Muñoz y Pep Ramis son muy conscientes y con esta realidad de telón de fondo han erigido el espectáculo El quinto invierno, que representan en el teatro Cuyás, el próximo 3 de febrero, a partir de las 20.30 horas.

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La danza contemporánea y de vanguardia no se entiende sin Mal Pelo, la compañía de estos dos bailares y creadores, cuyo repertorio no tiene fronteras.

«Somos conscientes de que vivir de la danza es un privilegio. En nuestro caso, tenemos la suerte de que nos podemos mantener vivos gracias al circuito internacional, donde llenamos los teatros», asegura por teléfono Pep Ramis.

El quinto invierno es una pieza que cobra vida sobre el escenario con María Muñoz y Pep Ramis en solitario. «Habla sobre un lugar imaginario. El espacio es blanco y el espectador se encuentra con dos personas que no pueden salir del mismo. Se trata de una clara referencia al paso del tiempo. Estos dos individuos confían en que en este quinto invierno blanco se produzca un cambio. Así, la obra se transforma en un poema, que transcurre por los distintos paisajes por los que pasan estos dos bailarines», explica.

Pep Ramis señala que este poema coreográfico «incluye cuestiones con las que todo el mundo se puede sentir identificado». «Reflexiona sobre qué tipo de relaciones mantenemos con el otro y con el paso del tiempo, claro. Cuenta con una voz en off, que lee composiciones poéticas del escritor italiano Erri de Luca», añade.

El quinto invierno, a su vez, permite a los responsables de Mal Pelo reflexionar sobre su propio proceso creativo. «Este espectáculo también supone una revisión de nuestro lenguaje, que, como es lógico, ha evolucionado desde 1989, año en el que empezamos. Ponemos nuestro cuerpo al servicio de la historia. Se desarrolla una lucha por encontrar las esencias, que ha sido un aspecto fundamental durante todos estos años de trabajo. Siempre hemos apostado por alcanzar lo que consideramos que es básico para nosotros y para el movimiento sobre el escenario. Eso es lo más importante para los artistas y coreógrafos».

Para este nuevo viaje hacia «la esencia», Mal Pelo se desenvuelve por este quinto invierno dentro de un «espacio desnudo». «Nosotros somos pequeños puntos negros dentro de ese espacio blanco y sin nada. Somos unos pequeños cambios dentro de ese paisaje uniforme. Se trata de un proceso en el que se limpia todo lo que es superfluo. Se minimiza todo y se fijan los sentidos en la calidad del gesto y la presencia. La danza tiene la capacidad de señalarlo todo», explica este creador.

Esta pieza para dos supone también una especie de test de pruebas para la compañía. Asegura Pep Ramis que experimentan sensaciones, pasos y movimientos que, en un futuro, aplicarán a las coreografías que desarrollarán con un cuerpo de baile más numeroso.

«María y yo ponemos sobre la mesa el lenguaje que nos interesa. Después lo compartimos con el grupo, ya con cinco o seis bailarines sobre el escenario. Este tipo de montajes se convierte también en una especie de laboratorio de nuevas herramientas», desvela.

«Nos gustan los retos», reconoce Pep Ramis. «Es una cuestión que asumimos cada cierto tiempo» y El quinto invierno, sin duda, lo es por su evidente carga conceptual. «Es tan importante lo que se escribe como lo que se calla. A veces, el espacio vacío y la profundidad dicen muchas cosas. Nos comunicamos sin hablar. Aprovechamos nuestra propia experiencia. Llevamos tantos años en esto que nos comunicamos con el espectador de una manera tan sutil como contundente», explica.

Desde su punto de vista, la danza atraviesa en España por un muy buen momento creativo. «La danza está en constante evolución. Existe una gran variedad de propuestas, con mucha gente joven, con proyectos ligeros y otros más cercanos a la performance. La danza es un lenguaje que hibrida con facilidad. Son muchas las disciplinas artísticas que utilizan herramientas propias de la danza para sus nuevas creaciones», apunta.

El problema para esta disciplina, como ya es tradicional, reside en la producción y sobre todo en la exhibición. «Lo difícil es mantener un circuito. Nosotros llevamos muchos años actuando fuera de este país. Lo que hace falta en España es organización y dinero para crear un circuito estable de danza. El público crea público. Si no le das la oportunidad... Hay que ofrecerle más danza para que no se sienta extraño ante ciertas propuestas. No se trata de un lenguaje minoritario, lo que sucede es que hay que insistir para que sea conocido. El público responde y está encantado de recibir calidad, aunque la propuesta no sea cien por cien racional», defiende