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Raúl Arévalo y Greta Fernández, en un fotograma de la serie. / Manolo Pavón

'Santo': perseguir una sombra

'Santo' es intensa, mucho. En su forma (es sucia, densa, polvorienta, sudorosa) y en su fondo: hay rituales satánicos, niños asesinados, corrupción moral...

Rosa Palo
ROSA PALO

Estuve en Salvador de Bahía con catorce años recién cumplidos. De allí, además de picaduras de mosquitos, fiebres en los labios y un moreno maravilloso en diciembre, también me traje la muñeca derecha llena de 'fitinhas', unas cintas de telas de colores que llevan la leyenda «Recuerdo del Señor del Buen Fin de Bahía» y que se venden por toda la ciudad. Las cintas han de atarse con tres nudos mientras se pide un deseo (que nunca puede ser revelado) y llevarlas puestas hasta que caigan debido a su desgaste natural. Aquellas debían de estar hechas de adamantium, porque me duraron hasta que terminé BUP.

Salvador de Bahía mantiene un estrechísimo vínculo con la religión y la superstición. Todo se mezcla con una efervescencia contagiosa: los dioses yoruba, los santos católicos, los rezos, la cachaça, los rituales, la magia. Y 'Santo', la primera coproducción de Netflix entre España y Brasil, utiliza la particularidad de esa conexión mística para diferenciarse de otras series sobre narcotráfico: Santo, el protagonista oculto de esta historia, no solo se dedica a comerciar con drogas, sino que, además, conduce a sus seguidores como el líder de una secta y realiza sacrificios humanos para asegurarse su protección y la de los suyos.

Pero ¿quién es Santo? Porque nadie conoce su rostro, ni nosotros ni los dos policías que le persiguen, uno desde Madrid (Millán, interpretado por el siempre solvente Raúl Arévalo) y otro desde Salvador de Bahía (Cardona, al que da vida el actor brasileño Bruno Gagliasso). 'Santo' es invisible, es el mal que no se ve, pero que se manifiesta a través del comportamiento despiadado de sus fieles. Así, mientras Millán y Cardona persiguen a una sombra, se encuentran con sus propios fantasmas: ambos son dos hombres atormentados por un enorme sentimiento de culpa del que solo podrán liberarse atrapando a Santo.

'Santo' cuenta la historia a partir de una división en el espacio (lo que sucede en España y lo que sucede en Brasil), pero también en el tiempo: hay grandes saltos temporales, elipsis y lagunas sobre las que regresa para aclarar algunos aspectos. Y eso, que pretende dotar de originalidad a la serie y mantener en vilo al espectador al no enseñar todos los ases desde el primer momento, es lo que acaba lastrando el relato. Seguir así el desarrollo de la narración no solo exige una concentración y un esfuerzo que no se ven suficientemente recompensados, sino que va en detrimento del dibujo de los personajes, que quedan reducidos al arquetipo del policía hermético y obsesionado con un caso o del agente encubierto que arrastra diversos episodios traumáticos.

Un fotograma de la serie. / Manolo Pavón

Lo mismo sucede con el personaje de Bárbara, la supuesta amante de Santo, cuya interpretación corre a cargo de la actriz portuguesa Victória Guerra y que es el tercer vértice de este triángulo. Para compensar tanto protagonista torturado aparecen otros que sirven de contrapeso, pero sin conseguirlo del todo: a pesar de los estupendos trabajos de María Vázquez (ex mujer de Millán) y Greta Fernández, que interpreta a la compañera de trabajo del policía madrileño, sus papeles, sobre todo el de Vázquez, no llegan a tener suficiente entidad como para compensar tanta intensidad.

Porque 'Santo' es intensa, mucho. En su forma (es sucia, densa, polvorienta, sudorosa) y en su fondo: hay rituales satánicos, niños asesinados, corrupción moral, tráfico de drogas, dolor, miedo, culpa. Y todo sucede a un ritmo vertiginoso, tan rápido que, a pesar de que las escenas de acción están muy bien rodadas y que tras un golpe de efecto hay siempre otro mayor, ocurren tantas cosas y se cuentan de una manera tan enrevesada que la serie se convierte en un frenesí en el que apenas hay tiempo de digerir lo que sucede. 'Santo', ambiciosa, podría haberse convertido en un estupendo 'thriller'. Pero, como Millán y Cardona, persigue una sombra que nunca alcanza.

Vídeo. El tráiler de la serie.