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Jon Bon Jovi, en una actuación en Dusseldorf, en 2006. Efe
«No pienso ser el Elvis gordo», afirma Jon Bon Jovi

«No pienso ser el Elvis gordo», afirma Jon Bon Jovi

Una serie documental repasa la exitosa trayectoria de su banda y su futuro incierto debido a la lesión que el artista tiene en sus cuerdas vocales

Iker Cortés

Madrid

Sábado, 11 de mayo 2024

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Nostalgia, angustia y tristeza sobrevuelan buena parte de 'Thank You, Goodnight: La historia de Bon Jovi', la serie documental acerca de la banda de Nueva Jersey, que desembarcó hace unas semanas en Disney+. Organizada en cuatro capítulos de más de una hora de duración cada uno, la exhaustiva pieza describe el dolor, el cansancio, el miedo y la incertidumbre de quien ha convivido durante años con el éxito y ahora apenas puede cantar.

La garganta de Jon Bon Jovi (62 años) comenzó a resentirse en 2013, pero el delicado estado de salud de sus cuerdas vocales se confirmó durante la minigira que la formación realizó en 2022, un 'tour' por Estados Unidos con el que la banda se preparaba para celebrar su 40 aniversario en 2023. Fue entonces cuando los vídeos que los seguidores del grupo fueron subiendo a redes sociales como TikTok, Facebook o Instagram mostraban que el cantante de 'Livin' on a Prayer' había perdido su magia. No es que ya no alcanzara las notas más agudas de sus grandes hits, algo normal con el paso de los años porque la voz también envejece -de hecho, algunas de las canciones se han bajado de tonalidad para facilitar la vida al líder-, sino que exhibía una fatiga inusual y serias dificultades para seguir el tempo de cada tema.

'Thank You, Goodnight: La historia de Bon Jovi' sumerge al espectador de lleno en esa etapa casi crepuscular, con el vocalista sumido en un mar de dudas, probando todo tipo de terapias para tratar de restablecer su instrumento -tiene hasta un láser de cuatro cabezales para aliviar la inflamación de la garganta- y presa de los nervios, mientras empieza los ensayos para el 'tour' de quince fechas que tiene por delante. «No necesito hacer esto. Quiero hacerlo y mis motivaciones son muy distintas. No lo hago por el éxito, la admiración o el dinero. Solo quiero esforzarme, que se me de bien», se abre en canal. «La alegría se da al volverte uno con la canción. Lo contrario es estar metido en tu cabeza, tener un yugo en cada palabra, todas las noches, es una tortura. Si no puedo dar lo mejor de mi lo dejo. No quiero estirar el chile, ni pienso ser el Elvis gordo», amenaza.

Y, al mismo tiempo, la pieza documental dirigida por Gotham Chopra pivota sobre otro eje, el de la historia de una banda que a lo largo de su trayectoria ha vendido más de 130 millones de álbumes y ofrecido más de 2.800 conciertos en cincuenta países, razón por la que forma parte del Salón de la Fama del Rock and Roll. No es la historia de Bon Jovi un relato inusual, lleno de giros de guion y sorpresas. Al contrario, la serie pone de relieve lo importante que es el esfuerzo, el tesón y, por supuesto, una pizca de buena suerte para llegar a lo más alto del negocio musical. Centrado en la figura del artista, pero con abundante material de archivo y entrevistas en profundidad a managers, productores, familiares y a casi todos los integrantes que han formado parte del grupo, la serie inicia el retrato de John Francis Bongiovi describiendo los sesenta en EE UU, una época en la que la idea del sueño americano había alcanzado su máximo esplendor. «Podías ser lo que quisieras», apunta el cantante.

Hijo de un peluquero y una florista, reconoce que sus primeros coqueteos con la música, cuando apenas tenía seis años, le frustraron tanto en el aprendizaje que acabó tirando la guitarra acústica por las escaleras de casa. Con doce o trece años, comenzó a enamorarse de ciertas canciones que oía en la radio y a cantar, y para los quince ya tenía claro que su vida iba a estar sobre el escenario. Militó en un par de bandas antes de mudarse a Nueva York, en 1980, para trabajar como chico de los recados en los estudios Power Station.

Allí el cantante aprovechó las horas muertas para grabar demos y maquetas. Entre ellas, estaba 'Runaway', una pieza que movió por todas las discográficas de la época sin éxito. Incansable, Jon Bon Jovi se presentó en la emisora neoyorquina WAPP, una radio de nuevo cuño que se dirigía a una audiencia más joven. El tema entusiasmó tanto al director de la cadena lo convirtió en un éxito radiofónico que acabaría saltando a todas las emisoras del país. Ahora sí, las discográficas se lo rifaban y PolyGram acabó contratándolo. Con la maquinaria en marcha, solo quedaba formar el grupo: David Bryan (teclista), Alec John Such (bajista), Tico Torres (batería) y Richie Sambora (guitarrista).

Pese a 'Runaway', el éxito de la banda no fue instantáneo. Ni el álbum de debut, 'Bon Jovi', publicado en 1984, ni '7800º Farenheit' (1985) despuntaron demasiado, pero con 'Slippery When Wet' (1987) y 'New Jersey' (1988) se convirtieron en unas estrellas, con giras de 240 conciertos al año que les dejaban para el arrastre. A partir de entonces no sería extraño que se tomasen varios años de descanso entre disco y disco, probando suerte con carreras en solitario y desatando todo tipo de rumores acerca de la disolución de un grupo que resurgió varias veces de sus cenizas con discos como 'Keep the Faith' (1992) o 'These Days' (1995) o 'Crush' (2000) -ese 'It's My Life' sigue sonando en cualquier fiesta-.​

'Thank You, Goodnight: La historia de Bon Jovi' se asoma también al fenómeno fan, a los problemas con las drogas y el alcohol de algunos de los miembros de una banda bastante más saludable de lo que uno se imaginaría -al parecer Jon Bon Jovi apenas ha coqueteado con las sustancias-, apunta el cisma que provocó la llegada del grunge y toca de lleno la marcha de algunos de sus integrantes, especialmente la de Richie Sambora en 2013, el otro líder de la formación, cuya extraña salida dejó herido casi de muerte al grupo. El propio Jon Bon Jovi señala que aún espera que vuelva. Lo dicho, nada que no haya sucedido en otras bandas.

Altibajos

Pero es la fragilidad con la que se muestra el artista -sus caras de rabia y frustración lo dicen todo-, tan atractivo como siempre a pesar de los achaques, la que convierte el documental en un generoso regalo, tanto para los fans de la banda como para los que solo nos sabemos tres o cuatro canciones. «Tengo muchos altibajos, días buenos y días malos. Jornadas en las que tengo muchas ganas de tocar y otras en la que me arrepiento de la gira y hasta de conceder esta entrevista», dice con una sonrisa que no esconde su preocupación.

En un momento del documental, recuperándose de una operación en las cuerdas vocales, se ve al cantante archivando y etiquetando una buena cantidad de casetes. «Esto para mí corrobora que el conjunto de nuestra obra tiene valor y, lo que es más importante, mejoró en el tiempo», dice antes de revisar un VHS donde ve al grupo «entusiasmado», a punto de tocar por primera vez en un gran estadio. «Cuando llegas a las notas agudas, no hay mejor sensacion en el mundo, no hay nada comparable», sostiene un Jon Bon Jovi con veintitantos, mucho antes de que la voz se le quebrara.

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