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Nicôle Lecky, como Sasha, en un fotograma de 'Mood'. / Danika Magdalena

'Mood', una atípica serie musical

Nicôle Lecky crea, escribe y protagoniza esta ficción acerca de una joven compositora y cantante que acaba atrapada en las garras de la prostitución

Iker Cortés
IKER CORTÉS Madrid

Sasha no ha tenido una buena noche. No recuerda gran cosa, pero ayer el alcohol y la 'diversión' se le fueron de las manos. Llegó a casa a las tres de la mañana, hecha polvo. La cabeza le da vueltas, así que nada más despertarse se enciende un canuto. Su madre, escaleras abajo, le grita que deje de fumar; su padrastro, que haga caso a su madre. Pero Sasha apura el porro junto a la ventana, mientras niega los hechos con una naturalidad pasmosa. Cuando sale de su habitación, la cámara al hombro que a partir de ahora marcará las coordenadas estilísticas de los seis episodios que conforman 'Mood', la nueva serie ya disponible en la plataforma AMC+, no recoge un hogar desestructurado o disfuncional, sino una acogedora casa familiar, ubicada en un sencillo barrio londinense. Eso sí, la joven veinteañera es el único miembro negro de una familia en la que parece no encajar.

Megan, su hermanastra adolescente, mete los dedos en la llaga: «¡Me despertaste porque te pusiste a grabar ese EP que nadie va a escuchar!», le suelta antes de que llegue una agente de policía y la interrogue acerca de un incendio en el jardín de la casa de su exnovio. Pues eso, que no ha sido una buena noche y el resto del día tampoco pinta bien, la verdad. Sasha decide pillar más maría y seguir colocándose. Quiere anestesiar el dolor que le produce la ruptura con Anton, su novio desde la infancia, así que no ve problema alguno en acompañar a los colegas que le pasan la sustancia en sus trapicheos. En uno de esos encargos conoce a Carly, una joven que se está haciendo un nombre como 'influencer' y que la invita a una fiesta por la noche. Sasha inicialmente rechaza la invitación pero cuando regresa a su casa fumada, una última bronca con su familia le lleva a dejar su casa y plantarse en la fiesta con su maleta.

Comienza así esta ficción creada, escrita y protagonizada por Nicôle Lecky acerca de una joven compositora que sueña con vivir de la música pero que, en el camino, se topa con toda clase de impedimentos, debido a la precariedad y a las dificultades financieras que atraviesa, y acaba atrapada en las garras de la prostitución.

Basada en el musical 'Superhoe', creado y escrito por la propia Lecky, 'Mood' usa casi como pretexto las ganas de triunfar en la industria musical para hablar de asuntos como la fama, las redes sociales o las necesidades económicas. Lo hace poniendo frente a la cámara a un personaje profundo y rico, vulnerable y sarcástico -recuerda, en parte, a la Rue que encarna Zendaya en la visceral 'Euphoria'-, lleno de capas, cuya evolución resulta a todas luces justificada y creíble. Fascinada desde pequeña por la música -tiene siempre un montón de rimas y de composiciones sin acabar en una libreta que lleva a todas partes-, poco a poco la falta de dinero y su nueva amistad van llevándola por otros derroteros. Primero, posicionando su imagen en las redes para ganar fama, después creándose un perfil en una plataforma tipo Onlyfans en la que vende imágenes y vídeos de su cuerpo y, finalmente, explotándolo en vivo a cambio de dinero.

Sin grandes números musicales

Oscura, aunque con un puntito cómico, la ficción apoya su recorrido narrativo en piezas musicales, más bien contenidas -no esperen aquí grandes coreografías al estilo hollywoodiense-, de estilos muy variados: desde el rap con el que construye sus primeras canciones, llenas de rabia e ira, hasta el R&B, el pop o las baladas que entrega el personaje cuando ya ejerce la prostitución y se encuentra más frágil y vulnerable y demanda más cariño. Curiosamente, cuanto más dinero gana, menos se ocupa y se preocupa por lo que hasta entonces era el pilar de su vida, la música.

Vídeo.

No es 'Mood' una ficción maniquea, ni tampoco pretende censurar o juzgar el trabajo sexual, pero sí se dedica a mostrar los peligros y los problemas que conllevan una ocupación así. El abuso de las drogas y el alcohol o las situaciones peliagudas están a la orden del día en una serie con unas muy buenas interpretaciones. El trabajo de Lecky, cuya voz es de las que emocionan, resulta excepcional y es fácil empatizar con el personaje y las decisiones que toma ante la tentación del dinero rápido. En cambio, otros personajes, que abren interesantes puertas acerca de la salud mental, como el de Saleem, quedan desdibujados y a medio gas, como si la guionista no hubiera tenido tiempo para desarrollar ciertas ideas. Pese a estos desajustes, es una serie musical atípica a tener muy en cuenta.