Rulon Jeffs, junto a algunas de sus esposas.

Crítica del documental 'Sé dócil: reza y obedece', una angustiosa pieza sobre la poligamia

Dirigido por Rachel Dretzin y Grace McNally, el documental, que acaba de llegar a Netflix, se adentra en la Iglesia Fundamentalista de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Iker Cortés
IKER CORTÉS Madrid

Una de las alegrías que ha dado la irrupción de las plataformas de 'streaming' en nuestro país es que ciertos contenidos, antaño imposibles de ver por estos lares, han desembarcado en nuestro país casi como una bomba de racimo. Si uno de los temores que hay en torno a este tipo de servicios es que pueden acabar homogeneizando la producción de todo el planeta, cosa que aún está por ver, su contrapartida es que, de golpe y porrazo, tenemos acceso a contenidos tales como telenovelas turcas o surcoreanas o a 'true crimes' como 'The Jinx' o 'Making a Murderer', que no solo han encadilado al espectador, sino que han inspirado la creación de otras obras.

'Sé dócil: reza y obedece' es, sin duda, uno de estos ejemplos. La serie documental, dirigida por Rachel Dretzin y Grace McNally, examina con lupa la Iglesia Fundamentalista de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, una rama de los mormones que fue expulsada cuando sus responsables decidieron, hace más de cien años, que había que cortar por los sano con la poligamia. Aquella escisión prosperó en Salt Lake City y sobre sus miembros se desarrolla un documental escalofriante y espinoso, del que resulta muy difícil apartar la vista.

Dividida en cuatro partes de poco más de cuarenta minutos cada una, la pieza comienza acercándose a una de las muchas familias que se vieron seducidas por las ideas que pronunciaba su profeta, Rulon Jeffs, y es que tener más de una esposa le acercaba a uno a la salvación y convivir con tres sobre la faz de la Tierra «te convertía en un Dios». Esas eran, al menos, sus palabras. Y Lloyd Wall, un ingeniero mormón, felizmente casado con Myrna, se las creyó, hasta tal punto que acabó convirtiéndose en los años noventa. En una noche, comenta su esposa, otra mujer entró en su vida. Acabaron teniendo 23 hijos, entre los que se encuentran Rebecca y Elissa Wall, ambas entrevistadas en un documental fascinante, que revela cómo se organizaban en la casa -una pareja en la primera planta, la recién casada y sus hijos en la planta baja- y todos los aspectos de un día a día centrado en la comunidad y aislados del exterior. «No íbamos al cine o de tiendas», cuenta una de ellas.

Rulon y Warren Jeffs.

Fotografías antiguas, espeluznantes vídeos caseros, audios y extractos de programas de televisión de la época van acreditando y reforzando todo lo que cuentan los diferentes entrevistados -exmiembros de la comunidad, fiscales, investigadores privados, policías, periodistas, vecinos- a lo largo del documental. Ahí están los vestidos y los trajes de otra época, el trabajo, las estrictas normas -sobre todo hacia ellas-, pero también las alegrías de quienes no conocían nada mejor. Y cuando es necesario recrear ciertas imágenes, Dretzin y McNally tiran de composiciones con metraje filmado para la ocasión en 8 y 16 mm.

Pronto los elementos que estremecen al espectador se multiplican y en ellos el papel del llamado último profeta, del que se aseguraba no podía morir, es esencial. Rulon Jeffs no solo decidía todos los enlaces matrimoniales de la comunidad, sino que acabó casado con 63 mujeres. Una de ellas, cuenta, por ejemplo, que antes de que se acabara el día se ponían todas en fila para dar un beso de buenas noches al representante de Dios en la Tierra, por no hablar de que el vejestorio, que superaba ya los ochenta años, decidía cada noche con quién quería acostarse. De su sesera también salió el 'Keep Sweet', algo así como 'Sé dócil' o 'Sé suave', con el que la iglesia taladraba a las mujeres de la comunidad, cuyo único propósito era servir a los hombres.

Arriba, el terrible árbol genealógico. Debajo, Rulon Jeffs junto a una de sus esposas y una Elissa Wall.

Lo más sorprendente es que hay un punto de añoranza y de nostalgia en algunos de los entrevistados y es porque luego vino algo peor. Tras la muerte de Rulon -imaginen la confusión y miedo que reinó entre los fieles que pensaban que su clérigo era inmortal-, fue uno de sus hijos, Warren, el que ocupó su cargo y acabó casándose con sus madres. Su estrategia fue atemorizar a sus seguidores. Los asustaba hablando de revelaciones apocalípticas y de que el fin del mundo cada vez estaba más cerca para quienes no obedecieran y no se entregaran a la causa. Logró desplazar a los 'elegidos' -muchos vendieron sus negocios y propiedades- hasta otro enclave y «todo se volvió aún más puritano, estricto y aburrido», llegan a decir. La diversión era pecado, los estampados y el color rojo en los vestidos acabaron prohibiéndose y el control sobre las mujeres era cada vez más asfixiante.

Y aunque los matrimonios con menores eran habituales en épocas anteriores, durante el gobierno de Warren Jeffs se elevaron hasta límites insospechados. Era la forma de retener a las chavalas más díscolas: casarlas y dejarlas embarazadas. Buena parte de los relatos hielan la sangre, pero el documental no se queda ahí, también explora las razones de quienes decidieron quedarse en la comunidad, la vida posterior de los que salieron, cómo la iglesia lograba financiarse -tenían un montón de negocios y podían ofrecer a empresas como Amazon o Walmart, algunos de sus clientes, mano de obra gratis gracias a los chavales que formaban parte de su comunidad- y de qué forma las autoridades atraparon al escurridizo Warren cuando vivía la vida a todo trapo fuera de la comunidad que había levantado.

Cuenta el fiscal que llevó el caso que se suele tener manga ancha en torno a las comunidades polígamas porque son relativamente difíciles de probar y porque las autoridades no quieren romper familias. Pero el problema, más allá de la poligamia, «está en los terribles delitos que se cometen en estas sectas religiosas y apartadas controladas por hombres».

Vídeo. El tráiler de la serie.