Plaza en el rodaje de su nueva película. / RC

Paco Plaza explora su fascinación por las monjas

El director valenciano rueda para Netflix 'Hermana Muerte', una suerte de precuela de 'Verónica' en el monasterio de San Jerónimo de Cotalba

MAR GUADALAJARA

Esta vez Netflix no pudo evitar el spoiler. Tampoco supo frenar las teorías y suposiciones que, bien encaminadas, se fueron fraguando en las redes sociales entre los más fanáticos. Pero es el peaje que se paga cuando un maestro del cine de terror de la talla de Paco Plaza se pasa a la distribuidora para dirigir su próxima película. Una visita al rodaje y todo está bajo sospecha. Y no, no es el Vallecas de los 90, pero hace calor. Esta vez, es en un paraje natural en Valencia, cercano a Gandía pero donde ni siquiera se ve el mar, entre dos sierras está el monasterio de Cotalba y «¡silencio!», se rueda.

Está ambientada en una España de posguerra, donde el verdadero monasterio se convierte en la ficción en convento y los monjes en monjas. 'Hermana Muerte' es la nueva película del director de '[REC]', 'Verónica' o 'Quien a hierro mata' y spoiler: no, no es otra historia de terror de monjas, hasta el propio título de la cinta da pistas. 'Hermana Muerte' es el apodo de uno de los personajes de Verónica. El director da a entender que esta nueva ficción es una precuela, que «nos ayudará a entender mejor las cosas que allí sucedían» y recupera ese universo a través de «algunos personajes y habrá varias sorpresas que conectan ambas películas».

Y hasta aquí por ahora. La historia arranca con Narcisa, interpretada por la actriz Aria Bedmar, una joven novicia que ha llegado para incorporarse como maestra en un convento, que ha dejado de serlo porque las monjas lo transforman en un colegio para niñas huérfanas. Sus poderes sobrenaturales le llevan a percibir secretos que rodean a este convento.

El equipo ha seguido trabajando pese a las visitas, incluso pese a las bodas y eventos que acoge el monasterio de San Jerónimo de Cotalba, que no son pocas. Hasta los guías se an acostumbrado a dar la explicación de monumento declarado Bien de Interés Cultural (BIC) entre el «corten» y la «acción» después de casi dos meses de rodaje. No fue fácil encontrar la localización para los equipos de arte y producción de la película, pero encajó para Plaza, que después cayó en la cuenta; nunca antes había grabado en su tierra.

El monasterio en el que rueda Paco Plaza. / RC

Entre naranjos, regado por el sol y con aroma mediterráneo, es el lugar que andaba buscando Paco Plaza, uno en el que una película de ficción pudiera parecer una historia real. «Nuestra apuesta estética era intentar evitar las imágenes que tenemos todos en la cabeza de peli de terror en un convento. Queríamos darle una identidad muy propia y muy local, porque eso es lo que luego se hace universal, creo que eso es lo que seduce, cuando el cine abre una ventana al mundo, y no fuerza la realidad, es un sitio que nos encanta, que dota de alguna forma de una personalidad a la película», dice el director.

A la entrada del monasterio hay un cátering y conforme se avanza hacia el claustro los pasillos se llenan de cables, alargadores, focos, paneles … La construcción que albergó a los austeros monjes ahora parece acoger a otro tipo de congregación con diferente hábito: visten de negro pero también podrían practicar el voto de silencio. No se oye nada. El productor, Enrique López Lavinge y el director de producción, Alberto Álvarez, hacen de guías en la ruta por las estancias en las que se ha grabado y en las que transcurre la trama.

Lo que no se ve y el miedo a plena luz del día

Las monjas creadas por Paco Plaza para 'Hermana Muerte' hacen dulces. La cocina es un espacio importante en la ficción. Han acabado de grabar todas las escenas que allí tienen lugar pero el paso del equipo por cada estancia deja rastro. Hubo tres intervenciones en el monasterio de Cotalba que ahora es propiedad de la familia Trenor, pero al guía de este espacio de interés cultural le gusta bromear con que la cuarta intervención ha sido la del equipo de la película.

La ambientación realizada por la directora de arte, Laia Ateca, apenas se percibe, llega incluso a parecer una parte más del edificio. «La semana pasada una señora en una de las visitas me dijo que los azulejos de la pared de la cocina eran bonitos y me preguntó de qué época eran, casi no supe qué decir porque los pusieron ellos», comenta el guía.

La pared de la cocina está revestida por estos azulejos azules, que terminan a la altura de los ojos. Entre ellos el director deja su propio guiño al espectador dejando una dedicatoria a la música y al género de terror. Casi todo está medido en la figuración. El trabajo del equipo de arte no ha dejado nada a la imaginación y cuida cada milímetro. Su intención es dar en el botón de la memoria colectiva del espectador.

«Todo parece familiar, o lo hemos visto en fotos de nuestros abuelos y nuestros padres o lo asociamos con la infancia, es muy reconocible, es parte de la historia que nos han contado, de la posguerra y nadie podría dudar de ello porque la obsesión ha sido crear el miedo desde lo que todos conocemos, desde las cosas cercanas y evitar que los espacios parecieran de otros lugares, de otros países que nos quedan lejanos, sino que sea real», explica el productor Enrique López Lavinge.

Hay mucha luz que entra por las pequeñas ventanas y las paredes están pintadas de blanco. Las epidemias de peste tienen la culpa, con cada una de ellas las paredes se recubrieron de cal. Pero ni la luz ni el blanco han supuesto un problema para el rodaje de 'Hermana Muerte' porque el director buscaba el miedo más real, ese que está en lo que no se ve a plena luz del día.

«Es una apuesta del cine de terror que no rehuye la luz del día ni de los encalados, es un reto para el director de fotografía y también para el propio espectador, porque no es lo que a priori esperas de una película de miedo y que en lugar de ser un inconveniente se convierte en aliciente», reconoce Paco Plaza.

Una imagen de la película. / RC

Colchas de crochet blanco cubren las pequeñas camas, las cruces en la pared sobre los cabezales y en la mesita de noche un pequeño cepillo, una caja de latón y una biblia. Las reducidas celdas de los monjes de Cotalba se transforman en habitaciones para las niñas del colegio en la ficción y en la de Sor Narciso, la protagonista, se han aprovechado hasta las grietas de la pared.

Fue entre esos pasillos donde se rodaron algunas de las secuencias más importantes por su espectacularidad. Lo relatan en el equipo. De esas dos semanas de encierro en las estrechas habitaciones surgieron las escenas más intensas de la película. «Hay una sensación de estar viviendo algo que sólo te dan los espacios reales, que existen, es algo que cuesta conseguir con decorados. Hemos pasado seis semanas bajo la lluvia, y esta sensación era muy potente. Realmente está siendo un rodaje complicado e intenso», reconoce la directora de arte, Laia Ateca.

El blanco sigue latente en el vestuario y huye de la idea de el uniforme negro de las monjas. La apuesta es todo al blanco. «Es algo que hemos tenido que hacer todos los departamentos, porque esta película apuesta por el blanco, por la luz, y a partir de ahí pues hemos tenido que inventar los hábitos de nuestras monjas, que tiene una base histórica real de los años 50 pero que también tiene una parte de fantasía y de imaginación de unas monjas que no existen», explica la ganadora de un Goya por el vestuario de 'Las Leyes de la Frontera', Vinyet Escobar. El vestuario es parte de la caracterización y está confeccionado al 90% por el equipo de Escobar, algo que no ocurre a menudo, según comenta. «No siempre tienes la libertad de diseñar lo que quieras y aquí no hay límite».

Poltergeist en el rodaje

Dos semanas encerrados en esas habitaciones y es ahí, en esos pasillos que enlazan las celdas de las monjas donde se grabaron las secuencias más intensas, sobre todo las que protagoniza Sor Narcisa. Teniendo en cuenta que es el rodaje de una película de miedo el equipo podría haber estado sugestionado, pero lo que ha estado ocurriendo en una de las habitaciones es algo que la propia organización del monasterio de Cotalba guarda en secreto y no suele revelar bajo ningún concepto a las visitas. «Es que con esto algún programa de la televisión se monta tres temporadas», bromea el guía.

Lo que aseguran es que hubo un poltergeist, pero que el propio equipo pudo haberlo alterado. En una de las pesadas y grandes puertas de una habitación al fondo del pasillo estaba el problema. «Soy una persona escéptica, pero es verdad que hay una puerta que la cerramos antes de irnos y a la mañana siguiente cuando llegas está abierta, esto no se lo habíamos contado a nadie del equipo de rodaje pero cuando nos empezaron a preguntar tuvimos que reconocerlo», dice el guía.

El productor reconoce que nadie del personal del rodaje sabía nada, pero todos preguntaban por esa puerta. «No fue una anécdota, es que al quinto día seguía pasando igual, nadie se atrevía a entrar en esa habitación. Hemos quitado la puerta y la hemos usado para otro espacio, puede ser que hayamos alterado este fenómeno», relata Lavigne. Y el guía reconoce que esta es la única cosa inexplicable que pasa en el monasterio.

En el rodaje de la película 'Hermana Muerte'. / RC

Las monjas y Paco Plaza

La historia de 'Hermana Muerte' surge de un personaje secundario de 'Verónica' porque Paco Plaza pensó que «tenía una pelí en sí misma». Ahí empezó todo, en un personaje misterioso del que se sabe poco: una monja ciega, con heridas en la cara que en un momento dado explica a una de las niñas que fue ella misma quien se lesionó.

«Si yo hubiera sido esa niña le hubiera preguntado por qué», dice Plaza. Y es justo de ahí de donde surge su nueva película. Su fascinación por las monjas asegura que viene de lejos. «Siempre me han gustado», explica que es el uniforme lo que le genera mayor intriga por conocer a la persona que hay debajo. «Parece que nacieron monjas y con cincuenta años, pero hay una persona detrás, una mujer que tiene una vida, y eso se refleja en una de las protagonistas porque los uniformes de las monjas, tiene algo de anulación de la individualidad que me gusta mucho, anularte a ti misma al servicio de otra cosa. Cada uniforme lleva su servidumbre», explica el director.

Para él son un enigma y tienen algo de misterioso y a la vez de verdad. Algo que ocurrió también en 'Verónica' es la mezcla entre lo real y lo fantástico. En esta película se permite jugar con esa intriga de camuflar una historia de ficción enmarcada una localización que desprende verdad por cada rincón. El director admite que pese a la complejidad del rodaje el reto le ha motivado todavía más. Y de nuevo spoiler: «Es todo ficción».