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La mano amputada que recorre París y busca a su cuerpo en el filme de Jérémy Caplin.
'¿Dónde está mi cuerpo'?: Una mano amputada protagoniza la película de animación del año

Una mano amputada protagoniza la película de animación del año

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Estrenada en Netflix, la cinta francesa '¿Dónde está mi cuerpo?' deslumbra con su lirismo y una intrigante historia ambientada en un París triste y gris

Lunes, 20 de enero 2020

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Una mano amputada con vida propia se fuga del laboratorio en el que está recluida en busca del cuerpo al que pertenece. Camina de manera grotesca apoyada en los dedos, a la manera de la 'Cosa' de 'La familia Addams', como si fuera una criatura surrealista. Desafía mil peligros en las calles de un París gris y muy poco turístico: las ratas, el metro, las alcantarillas, la azoteas... Al mismo tiempo, un chico huérfano que trabaja como desastroso repartidor de pizzas se enamora de la voz de una chica al escucharla por el portero automático.

Ambas historias se narran de manera paralela en '¿Dónde está mi cuerpo'?, la película de animación más sugerente, intrigante y deslumbrante de los últimos tiempos. La ópera prima de Jérémy Caplin, estrenada en Netflix, adapta una novela titulada 'Happy Hand', de Guillaume Laurant, coguionista de 'Amèlie'. Nada tiene que ver el París que muestra el filme con aquel cuento de hadas en un Montmartre cuqui protagonizado por Audrey Tautou. Sin embargo, ambas cintas comparten cierto carácter excéntrico y un lirismo que en el caso de '¿Dónde está mi cuerpo'? se pone al servicio de cuestiones tan trascendentales como la búsqueda de la identidad y la herencia familiar.

Que el destino de una mano danzarina que corre mil aventuras nos ponga el corazón en un puño no es lo más sorprendente de una historia que funciona como intriga fantástica y drama romántico. Todos los recuerdos de este chaval de rasgos árabes, Naoufel, son en blanco y negro. Una felicidad familiar que pronto intuiremos que se truncó y que contrasta con un presente de precariedad y asepsia sentimental, del que puede sacarle la voz de una chica a la que seguirá hasta averiguar que trabaja de bibliotecaria y por la que se meterá a aprendiz de carpintero en uno de esos vecindarios con patio como en los que vivía el Antoine Doinel de Truffaut.

Gabrielle y Naoufel, la pareja protagonista de '¿Dónde está mi cuerpo?'.

Ganadora de la Semana de la Crítica este año en Cannes y mejor película y Premio del Público en el Festival de Annecy, el más reputado en el género de animación, '¿Dónde está mi cuerpo?' consigue algo tan difícil hoy en día como sorprender a un espectador que se ve incapaz de adivinar el próximo giro de guion. El estilo de animación realista, cercano al de 'Vals con Bashir', es capaz de conmover con los torpes intentos de seducción de Naoufel a Gabrielle, como ese iglú construido con madera bajo los cielos de París, y de provocar terror con imágenes tan potentes como la mano aferrada a un mechero que aleja a las ratas hambrientas.

Jérémy Clapin se dio a conocer en 2008 con 'Skhizein', un premiado cortometraje en el que un hombre era desplazado de su cuerpo tras recibir el impacto de un meteorito. Resultaba inevitable pensar en el cine de Charlie Kauffman, donde lo autorreflexivo y la lógica del artificio se ponen al servicio de una inédita poética de la tristeza. '¿Dónde está mi cuerpo'? también resulta una película recorrida por un halo de melancolía y tristeza, de fatalismo y extrañeza.

Viéndola uno no puede dejar de pensar cómo sería un largometraje de imagen real con los personajes y escenarios de esta juguetona fábula con escasos diálogos, en la que una mano cortada consuela a un bebé que llora en una de las escenas más osadas y macabras del año. Con permiso de Pixar, la mejor cinta de animación de la temporada cuenta una historia de amor en el París de otra película reciente, 'Los miserables'. Habla como el que no quiera la cosa de integración y desarraigo. Que el título original sea 'Yo perdí mi cuerpo' (J'ai perdu mon corps) y no 'Yo perdí mi mano' ya alerta sobre la originalidad de esta maravilla que solo tiene de malo no haber pasado por la salas.

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