Jean-Jacques Annaud. / Zipi (EFE)

Jean-Jacques Annaud | director

«El incendio de Notre Dame ha despertado al mundo»

Estrena en cines 'Arde Notre Dame', una crónica pormenorizada, espectacular y realista del incendio que casi acaba con la catedral parisina en 2019

Iker Cortés
IKER CORTÉS Madrid

'Arde Notre Dame' es una vuelta al cine más artesanal. Detrás de la cinta, que realiza una crónica pormenorizada del incendio que sacudió los cimientos de la catedral parisina, el 15 de abril de 2019, se encuentra un verdadero maestro del séptimo arte, Jean-Jacques Annaud (París, 78 años), artífice de películas como 'El nombre de la rosa' o 'El oso'. Filmada en formato Imax, el cineasta, que evita en lo posible los efectos digitales, ha replicado a escala real algunas de las secciones de la catedral para después prenderles fuego. El resultado es una película espectacular y realista, quizá demasiado encorsetada, que también hace uso del abundante material de archivo que grabaron las cadenas de televisión y las cientos de personas con sus teléfonos móviles. Por tener tiene incluso a la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, dándose vida a sí misma. Todo en favor del realismo.

-¿Recuerda dónde estaba y qué hacía cuando se incendió la catedral? ¿Qué pensamientos se le vinieron a la cabeza?

-Durante el suceso, no vi imágenes, porque estaba en una casa en la que la televisión no funcionaba. Así que escuché e imaginé. Conocía la catedral muy bien desde niño, porque vivo al lado, a 150 metros, así que de pronto fabriqué una película en mi cabeza, escuchando los acontecimientos, y rápidamente entendí que era un tema increíblemente cinematográfico e imaginé que miles de directores querrían hacer la película y le dije a mi mujer: «¿Te imaginas la cantidad de cretinos que van a precipitarse para hacer esta película?». Así que saqué la película de mi corazón porque me impactó que la catedral pudiese derrumbarse, pero desde luego no me lancé a la ocasión como un candidato oportunista.

-¿Qué es lo que la hacía tan cinematográfica?

-Recibí documentación de un amigo, uno de los principales productores europeos, que quería hacer una película de montaje. Cuando leí la documentación, pensé que los periodistas que habían escrito eso eran muy buenos guionistas que inventaban y que contaban milongas porque no era creíble. Pero yendo más lejos me encontré con los protagonistas y me di cuenta de que los periodistas no sabían todo y que lo que había sucedido era todavía más inverosímil que lo que contaban. Y ahí empecé a apasionarme porque había momentos de espectáculo cinematográfico innegables: una catedral magnífica, un símbolo internacional de la civilización occidental, que está derrumbándose, en uno de los lugares más bellos de París. Me di cuenta también de que la catedral estaba siendo atacada por el peor de los diablos, el más encantador y generoso, que nos calienta, nos ilumina y nos carboniza también. Según Hitchcock, el fuego es el villano perfecto. Y luego estaba la historia de los que iban a socorrerla, los doctores, no podían llegar a tiempo para salvar a la estrella, a la gran vedete que está muriendo. Otro principio hitchcockniano que tenía la historia es que es mejor saber cuál es el final para interesarse por cómo se llega al final. Así que me encontré con elementos de suspense, de thriller, típicos, en un marco excepcional. Es todo un regalo y así lo viví.

-Es, sin duda, una película para ver en pantalla grande.

-Cuando empecé a trabajar en la película, estábamos al principio de la pandemia y presentía que iba a haber un problema con los cines que iban a cerrar. Preví que para que la gente recuperase el deseo de volver al cine, iban a ser necesarias películas que valiesen la pena, películas que fueran un espectáculo visual y sonoro. Yo, prácticamente, ayudé a desarrollar el Imax porque fui casi la primera persona en hacer una película con actores en ese formato. La compañía responsable del formato tiene la impresión de que van a ser los ganadores de la próxima década porque hay que marcar la diferencia entre una gran televisión en casa y un espectáculo cinematográfico que merezca la pena y su idea es totalmente ambiciosa: acoger películas en lengua extranjera en Imax. Las películas en lengua extranjera en Estados Unidos ya no existen, solo se interesan por sí mismos. Que una empresa americana tenga ganas de presentar espectáculos en lengua extranjera es formidable y esto yo no me lo esperaba. En todo caso cuando concebí la película realmente pensé en esto primero, porque sufro viendo que desde hace años las películas de cine comienzan con un 'Rai Television presenta una coproducción con ZF' y se estrenan en el cine. Se trabaja para el que paga y cuando se trabaja para televisión se hace televisión. Aquí he trabajado para una empresa de cine.

Tres fotogramas de la película. / Mickael Lefevre / Guy Ferrandis

-Las imágenes de la catedral en llamas produjeron un enorme impacto emocional. ¿No le dio pánico trasladarlo a la gran pantalla? Al fin y al cabo, lo rodado compite con las imágenes reales.

-Es que no compite, las completa. Competiría si recreara las imágenes reales que ya se hubiesen visto, pero es que nadie ha visto ni nadie sabe todo lo que revelo en la película, es algo totalmente nuevo. Hay imágenes de archivo para recordar lo que la gente ha visto desde fuera y yo muestro lo que no se vió. Así que al contrario, fue muy estimulante.

-Hace un par de décadas, sin los millones de cámaras que hay en los teléfonos móviles, un hecho así no hubiese sido tan documentado. ¿Qué le parece que todos podamos ser 'directores' y que se haya democratizado tanto la creación de contenidos?

-Claro, pero eso es equivocarse en cuanto a lo que es un director, uno puede ser reportero pero no se es director. No es lo mismo fabricar, que rodar. El trabajo de la puesta en escena, reinventar, situar actores, los accesorios, elegir la luz… Un trabajo de puesta en escena es una creación, mientras que el trabajo de un reportaje es ir a grabar al niño que juega con el balón o el gato que se sube al árbol, que está muy bien. Pero, claro, eso no es ser directores, es ser en todo caso un reportero oportunista.

-Volviendo a la película, es sorprendente la reconstrucción de la catedral y cómo se han rodado las escenas del fuego. ¿Por qué evitó los efectos digitales?

-No hay casi efectos digitales porque esto gira una vez más en torno a los actores. Cuando uno pone a un actor en una situación que no entiende, es decir va a sujetar un trozo de tubería y va a hacer como si hubiese agua dentro y está frente a un muro azul y le dicen que quema… No es el mismo juego. Tú, como espectador, no sientes la emoción que va a sentir un actor frente a un fuego de 800 grados, así que lo que cambia enormemente es que cuando se está en una producción con efectos digitales se pueden hacer imágenes que cuentan algo, pero de ahí a comunicar una emoción es muy diferente. Es la diferencia principal. Además, lo digital es a veces más caro que lo real. Es menos caro fabricar una sección de catedral y quemarla que hacerla en digital y es diez veces mejor.

-¿Y por qué muchas veces se apuesta por lo digital?

-Porque se dirigen a un público adolescente, que está acostumbrado a los videojuegos, tienden a una simplificación de los sentimientos y, por lo tanto, el tema general es el mal y los malvados, y que hay un tipo muy bueno y muy fuerte que va a salvar el mundo. Eso funciona mejor en digital. Pero además de niños y adolescentes, hay un público más sofisticado, de más de 40 años, que requieren dramas humanos y auténticos. No se cocina lo mismo en un McDonalds que en un restaurante con estrellas Michelin.

Un fotograma y dos imágenes del rodaje. / Guy Ferrandis / David Koskas

-Viendo la película, está claro que hubo muchos errores humanos y que fallaron muchos elementos del sistema de seguridad. ¿Está nuestro patrimonio en buenas manos?

-No (ríe). También hay que entender que el patrimonio se acumula y que tenemos en nuestros países (España, Italia, Francia) miles de edificios magníficos. ¿Cómo protegerlos? ¿Con qué dinero? Porque ese es el asunto, hay un problema de financiación, no nos engañemos. En todo caso, lo que puedo decir es que desde el incendio de Notre Dame hay muchísima inversión en todos los edificios en Francia, todo el mundo está revisando los sistemas de seguridad y hay trabajos por doquier porque esto ha despertado a todo el mundo. Yo he ido a visitar los sistemas de seguridad de Versalles, del Louvre, y es un nivel muy superior. En Notre Dame no había cámaras dentro y es algo impensable para ser el edificio más visitado del mundo. Así que la certeza de que no podía ocurrir, como la guerra en Ucrania, que también era imposible, pues era falsa. Ojalá la guerra de Ucrania hubiera terminado de la misma forma, bien. Nadie quedó herido, ningún bombero sufrió, la catedral está en pie, se han salvado todas las reliquias y los objetos preciosos y hay más dinero para terminar la catedral que, de lo contrario, no habría sido tan bien restaurada, así que es muy positivo. De los dramas, a menudo, nace algo mejor, así que no hay mal que por bien no venga.

-El domingo se celebra la segunda vuelta en los comicios en Francia que enfrenta a Emmanuel Macron con Marine Le Pen. ¿Qué cree que va a pasar y qué le gustaría que pasase?

-Me gustaría, sobre todo, que haya cosas que no ocurran. Lo que es desolador es que sea cual sea el resultado, Francia está terriblemente dividida. La mitad de Francia quiere descabezar a la otra, quiere cortarle el cuello, que es un viejo síndrome francés, se llama Revolución. Los franceses detestan a los que tienen éxito y lo entiendo porque la vida de los que tienen menos éxito no es fácil y la situación se hace más difícil para ellos y es una realidad que no hay que ignorar. Francia está hecha de tal forma que hay una Francia de las élites y hay una Francia menos feliz, aunque es mucho más feliz que la mayor parte del resto de las naciones, estamos mucho más protegidos, pero la gente considera que todo lo que está bien es normal y todo lo que no está bien tiene que ser cambiado. ¿Cómo? Es la pregunta que queda en el aire. Yo me siento desde niño increíblemente europeo, he vivido en muchos países de Europa, incluido España, y con gran placer, he vivido en Inglaterra, Alemania, Suiza, he trabajado en Austria... Me siento tan europeo que me siento desolado por lo que ocurre en la frontera con Rusia. Yo tengo muchos colegas allí y ahora hay una división tremenda, que va a durar tanto como el odio a los nazis, va a ser muy difícil ser ruso durante cientos de años. Esperemos que Europa pueda seguir razonablemente unida y amistosa. Lo que me desespera es que los que votan contra Europa son precisamente los que vienen a pasar las vacaciones aquí. Mi gran felicidad es saber que puedo ir a Valencia, Barcelona o Madrid considerándome no extranjero. Sé que no estoy en mi casa, pero sí que estoy en casa de unos amigos muy cercanos, con los que comparto lo esencial de mis creencias y eso me hace muy feliz. Nunca he querido ser americano porque la diversidad de Europa me encanta, pero saber que esa diversidad se pone en peligro por el país al que pertenezco me entristece mucho.

Vídeo. El tráiler de la película.

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