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Isabelle Fuhrman retoma el papel protagonista.

'La huérfana: Primer asesinato', la mano que mece el miedo

Isabelle Fuhrman retoma a sus 25 años el papel de la niña adoptada que hacía la vida imposible a sus nuevos padres

Borja Crespo
BORJA CRESPO

'La huérfana. Primer asesinato' parte con un evidente hándicap. Quienes hayan visto la película original, de la que surge esta precuela, se saben el truco y no hay sorpresa sobre el maligno personaje principal en torno al cual se construye el relato. Sorteada esta piedra en el camino, se puede disfrutar con un thriller de terror que se degusta mejor si se relaja el criterio cinematográfico. En 2009 el realizador catalán afincado en Hollywood Jaume Collet-Serra, responsable de éxitos como 'Sin identidad' o 'Jungle Cruise', con el estreno de 'Black Adam' a la vuelta de la esquina, estrenó el filme del cual parte esta historia de origen.

'La huérfana', muy en la línea de 'La mano que mece la cuna' y sucedáneos, fue un título con un giro escalofriante que funcionó entre los aficionados al género fantástico y de terror. La crítica especializada acarició su resultado, a pesar de no plantear un cuento original, incluso previsible. Contaba a su favor con un buen pulso narrativo y una hipnótica actriz protagonista que no es lo que parece, situación que se explota de nuevo en una continuación en la cual recoge el testigo tras la cámara William Brent Bell, quien firmó en su día la macabra 'The Boy'. Por supuesto,Isabelle Fuhrman, vista en la saga 'Los juegos del hambre', repite inspirada en el papel de Esther, una niña de mirada inquietante dispuesta a todo con tal de salirse con la suya. Aunque la actriz tenga ya 25 años. Julia Stiles ('Estafadoras de Wall Street') y Rossif Sutherland ('Possessor Uncut') le acompañan en el reparto principal.

'La huérfana: Primer asesinato'.

Se llevan las precuelas y 'La huérfana. Primer asesinato' se apunta al carro, alimentando el concepto de franquicia, uno de los grandes males del audiovisual actual. Exprime el rol protagonista de la cinta predecesora, una muchacha -nos ahorramos el gran spoiler, por si las moscas- tan inteligente como pérfida, con delirios de grandeza e instinto psicópata. La película relata cómo se escapó de un centro ruso, especializado en enfermos con problemas psiquiátricos. En su huida se hace pasar por una hija desaparecida de una familia de buena clase que no tarda en preocuparse por el extraño comportamiento de su supuesta descendencia, que intenta romper su unidad. Su afán por la destrucción, y la autodestrucción, queda reflejada en una serie de secuencias que alimentan un suspense in crescendo que nos suena de algo, lo que no quita que la trama esté bien contada, con momentos que llaman la atención, sustos, sangre y encuadres cuidados. El lastre de no poder explotar la misma chispa está ahí, lo que no quita que pueda entenderse como una muestra digna de cine de terror palomitero sin llevar la etiqueta de Blumhouse.