Las cuatro peripecias de 'Historias lamentables'.

'Historias lamentables', una refrescante vuelta a los orígenes de Javier Fesser

El cineasta madrileño regresa a los colores vivos y la estética cartoon en estas cuatro peripecias llenas de disparates e interconectadas levemente entre sí

Iker Cortés
IKER CORTÉS Madrid

Es, con toda probabilidad, uno de los cineastas más personales e inquietos del panorama español, sin perder de vista el circuito comercial. No en vano, en estas mismas páginas, explicaba hace unos días que lo que más le gusta es que el público no sepa qué es lo que puede esperar de él. «Soy feliz con la idea de que las películas que hago no son fáciles de clasificar porque siempre tienen un componente inesperado. Para crear yo también necesito sorprenderme a mí mismo», afirmaba Javier Fesser. Y a veces, para sorprenderse, lo mejor es dar unos pasos atrás y observarlo todo con la perspectiva que da el tiempo. 'Historias lamentables' es un regreso a los orígenes del cineasta, una película refrescante, divertida y disparatada que remite directamente a cortometrajes como 'Aquel ritmillo' o 'El secdleto de la tlompeta' y a películas como su ópera prima 'El milagro de P. Tinto' o a la adaptación de 'Mortadelo y Filemón'.

La cosa tiene truco. Dice Fesser que la película parte de uno de sus primeros guiones. «Apareció hace poco en una mudanza y al leerlo saqué dos conclusiones: que era malísimo y que tenía una inocencia y una ingenuidad que me apetecía rescatar». Dicho y hecho. Fesser y Claro García reescribieron por completo aquel texto, dando pie a las cuatro historias lamentables y levemente interconectadas entre sí que este jueves, debido a la pandemia, llega a la plataforma Amazon Prime Video.

Cierta incontinencia y exageración verbal, diálogos desternillantes, actores en gran medida desconocidos -todos están insultantemente bien-, una estética de tebeo y una gama cromática llena de colores vivos e intensos remiten, sin duda, a los comienzos del realizador madrileño. Pero claro, como sucede en toda antología de relatos, algunas piezas están mejor que otras. Arranca 'Historias lamentables' poniendo el foco sobre Ramón, un joven algo atontado, a punto de heredar la empresa de transportes que su riguroso padre levantó desde cero, 'El rayo', gracias a un pequeño utilitario. De la fiesta de homenaje al empresario y de las sorpresas que en ella aguardan trata esta primera peripecia, que empieza a descontrolarse cuando el heredero, al que da vida magistralmente Pol López, se prepara para darle una sorpresa en medio del evento. Hilarante y entretenidísima, es un perfecto aperitivo para lo que el espectador va a ver.

Igual de interesante se plantea la historia de Bermejo, un veraneante metódico hasta un punto enfermizo, que todos los días acude a la misma hora y al mismo rincón de la playa para tomar una fotografía del amanecer. Bueno, todos los días no. Esa mañana, cuando está a punto de cruzar la calzada que le separa del arenal, aparece un antiguo compañero del internado, muy pasado de rosca y en un vehículo con la música a todo trapo. Comienza así una aventura loquísima, llena giros y recovecos, excelentemente rodada y con una galería de personajes maravillosa. Divertidísima también, incluso aunque algún gag resulte predecible.

Es la tercera pieza la que más chirría en el conjunto. Sigue los pasos de Ayoub, un africano sin papeles que hace de jardinero las veces que puede, y que da a parar al caserón en el que vive una mujer muy lista y muy jeta, que ha hecho de la picaresca su modo de vida. Es un punto de partida interesante, pero el personaje de ella se lleva tanto al límite, que acaba resultando un tanto pesado y resta credibilidad a una narración que va más allá de la risa y el humor para presentarnos una cruda realidad, quizá algo metida con calzador entre tanto disparate.

Un fotograma de la aventura de Bermejo en 'Historias lamentables'.

'Historias lamentables' recupera su pulso con la cuarta aventura, la que protagoniza Alipio el responsable de una empresa aragonesa -esto es importante- de calzados, que hizo su agosto en tiempos, cuando presentaron las zapatillas musicales, pero que ahora está en las últimas. Y es que sus dos hermanas le piden cuentas tras encontrar desvios importantes de dinero con los que Alipio trata de cubrir su ludopatía. Es un descacharrante punto de partida que no deja de crecer durante su desarrollo pero que se desinfla con una resolución algo más torpe. Aun con todo, es una muy buena forma de cerrar una película más sencilla -que no fácil de hacer- que 'Camino' o 'Campeones', que recupera al Fesser más gamberro. Habrá que esperar a la primavera del año que viene, si la pandemia lo permite, para ver la película en los cines, pero merecerá la pena. De verdad.