A cara descubierta

Y se reformó la estiba...

Al final se aprobó. Cuatro meses después de que se supiera que el Gobierno iba a aprobar vía decreto ley una reforma de la estiba y a pesar del ruido, el PP consiguió ayer los apoyos necesarios para lograr, en un segundo intento, liberalizar el sector y acabar con el monopolio de los estibadores. Una papa caliente que ningún gobierno, ni del PSOE ni del PP, quiso afrontar en los últimos años y que al final tuvo que coger Rajoy, obligado ante la amenaza de una elevada multa de la Unión Europea por incumplimiento de una sentencia de Bruselas que se remonta a 2014.

En esta película hay que alabar la actuación del ministro Íñigo de la Serna, que ha sabido moverse con maestría y conseguir su objetivo sin que en estos cuatro meses haya habido el gran conflicto que se preveía. Ha habido mucha amenaza de huelga y cierta reducción de la actividad, localizada sobre todo en Valencia, Barcelona y Algeciras (los puertos más castigados), pero poco más.

Al final, mucho ruido y pocas nueces. Los estibadores, tampoco lo han hecho mal. Aunque cara a la galería se quejan del decreto, saben que el documento aprobado es de máximos. Mantienen las plantillas y por el momento tienen la llave de acceso a las Sagep, ¿qué más se puede pedir? El colectivo, dado a los excesos en la defensa de sus intereses, han actuado esta vez con prudencia y ha resultado. Desde febrero no han querido hacer ninguna demostración de fuerza para evitar dar argumentos que sirvieran para poner en su contra a toda la sociedad española.

Las llamadas a al guerra o su consigna, estiba o muerte, intimidaron a unos y conmovieron a otros pero ya está. Ahora queda por delante el reto de la conversión de las sagep en los centros portuarios de empleo y la negociación de sus condiciones laborales y todo, en medio de ocho convocatorias de huelga. Tras lo vivido, el mejor consejo a partir de ahora es la prudencia.