Por si le interesa

Vive y deja vivir, y también deja morir

19/02/2020

Gaumet Florido

Nunca he entendido los posicionamientos ideológicos que limitan los derechos del otro y que, por regla general, persiguen la imposición de los suyos propios. Esa es la sensación de incomprensión que me produce, por ejemplo, la oposición de una parte de los españoles a las uniones matrimoniales del mismo sexo. Me pregunto en qué le afecta a alguien que dos hombres o dos mujeres puedan sellar su relación de la misma forma, al menos en el terreno de lo civil, que lo han podido hacer hasta ahora hombres y mujeres. ¿Les cambia la vida en algo? ¿Les hace más infelices? ¿Acaso pierden dinero? No lo entiendo. Es verdad que todos deberíamos hacer el ejercicio de ponernos en el lugar del otro para tratar de comprender su posición. Pero hay casos, como el de aquellos que se oponen a este tipo de derechos civiles, en los que me reconozco manifiestamente incapaz.

Son los mismos que históricamente se han opuesto al avance social: al sufragio universal, al aborto, al divorcio, al matrimonio homosexual

Algo parecido me sucede con la revoltura que se ha montado tras la decisión del Gobierno central de impulsar la aprobación de una ley de eutanasia, una ley para lo que llaman la buena muerte. Otra vez un sector de la población, y de la política española, ha montado en cólera. Es una norma que busca garantizar un derecho individual y hasta íntimo que, una vez más, choca con la voluntad de unos cuantos de imponer a los demás sus criterios morales o religiosos. Y lo peor es que recurren, una vez más, a la pose sobreactuada, cuando no, a la manipulación torticera. En su ánimo de hacer valer sus posiciones, tratan de movilizar a los ciudadanos con argumentos tan zafios y repugnantes como los que insinúan que con esta ley lo que busca el Gobierno es cargarse antes a un paciente para ahorrarse años de médicos, hospitales y medicación. Así de ramplones, pero así también de efectivos de cara a un sector de la sociedad poco armado ante semejante y burda simpleza.

Obvian por completo que es una ley garantista, donde se limita mucho qué tipo de enfermo puede acogerse a este derecho, que son los de aquellos supuestos que padezcan una enfermedad grave e incurable o una enfermedad grave, crónica e invalidante causantes de un sufrimiento físico o psíquico intolerables. Que establece una comisión de control y evaluación con varios filtros médicos, que son los que deberán comprobar si concurren o no las condiciones que prevé la norma. Y que también garantiza el legítimo derecho del médico a negarse por objeción de conciencia. Pero nada de esto les importa a los que por sistema se oponen al desarrollo de los derechos civiles. Son los mismos que históricamente se han opuesto al avance social: al sufragio universal, al aborto, al divorcio, al matrimonio homosexual. Les cuesta asumir aquello de vive y deja vivir.