Las venas abiertas

Vegueta y los zapatos nuevos

19/05/2020

Alonso Quesada definió, hace más tiempo del que se puede recordar de una simple pasada, a Vegueta como un barrio silencioso donde no es posible andar con zapatos nuevos y chillones. Hace más de un siglo de aquello pero los nostálgicos todavía podemos evocar ese ambiente recorriendo las esquinas de piedra de la zona fundacional de la ciudad.

Vegueta siempre se transita con esa sensación de que a cada pisada «las casas se estremecen, los cristales de las ventanas tiemblan». Es, sin duda, parte del encanto del majestuoso pórtico de la capital. Resistencia emocional ante la voracidad urbanística que selló el Guiniguada y tumbó sus dos puentes; que consiguió mantener su esplendor histórico en su almendra central mientras la ciudad se desarrollaba sin orden ni concierto a su alrededor.

Sin embargo, también parece haberse convertido en su propia prisión. Es consecuente anteponer la buena convivencia y el respeto por el descanso. Pero los lugares emblemáticos necesitan algo más que proteccionismo.

«Algunos prefieren seguir en los tiempos en los que el cura era el salvoconducto»

Una mentalidad algo más proactiva por parte de aquellos que levantan barreras ante el mínimo intento de dinamizar la zona más emblemática, junto a Las Canteras, de la ciudad. Incluso en estos momentos en los que la famosa desescalada necesita de un esfuerzo de todos ya algunos han querido derribar antes de que tome forma la posibilidad de ampliar las terrazas, única vía de subsistencia en estos momentos para restauradores y sus empleados.

A veces da la sensación, volviendo a los textos de Alonso Quesada, que algunos prefieren vivir en aquellos años en los que el cura era el único salvoconducto para cruzar el barrio. En vez de sentir el orgullo de compartir lleno de vida uno de los barrios más bonitos del Estado.