Editorial

Un nuevo ciclo político

22/06/2019

La incógnita sobre la gobernabilidad de Canarias quedó despejada el pasado jueves, cuando el Partido Socialista, Nueva Canarias, Unidas Podemos y la Agrupación Socialista Gomera anunciaron un acuerdo que garantiza mayoría absoluta para la investidura de Ángel Víctor Torres al frente de un Gobierno de coalición. Atrás quedaron casi cuatro semanas de negociaciones que se entrecruzaban con las que lideró Coalición Canaria, con el Partido Popular y Ciudadanos como socios preferentes. Y todo ello con los ecos de la constitución de los plenos municipales y de los cabildos, un proceso este último que concluirá el martes.

Ayer se firmó en Santa Cruz de Tenerife el documento que fija las bases para ese pacto regional que promete «cambio» y «progreso». Lo primero vendrá de manera automática, al poner fin a 26 años de presencia ininterrumpida de CC en el Gobierno y en la Presidencia. Lo segundo se hace muy necesario para que el archipiélago deje de liderar los indicadores de exclusión social e ineficacia de los servicios públicos que garantizan precisamente la cohesión.

No es fácil el cometido que tendrá por delante el Gobierno que presida Torres pero la lectura del documento sellado ayer ya revela que hay al menos un diagnóstico claro y una hoja de ruta marcada. Hace bien además el líder socialista en tender la mano a los partidos que conformarán la oposición para contar con su colaboración, pues el progreso de Canarias es tarea de todos. Y si importante es garantizar la unidad y la lealtad en un Ejecutivo cuatripartito, también lo es contar con una oposición que combine la debida fiscalización con la voluntad de construir.

En cuanto a CC, el fin de su ciclo en el poder debe llevar a sus cuadros orgánicos a reflexionar sobre los errores cometidos. Que no se limitan, ni mucho menos, a este mes de negociaciones entre partidos. Su exclusión del poder en ayuntamientos y cabildos y su capacidad para sembrar la desconfianza en los partidos con los que negociaba son el fruto de años de soberbia institucionalizada. Y es todavía más triste en una organización que tanto hizo en el pasado por Canarias pero que se equivocó al confundir la autoridad del cargo con el autoritarismo. Cuando ocupe la bancada de la oposición, ojalá CC afronte el examen de conciencia tan necesario para reinventarse. Porque atesora algunos valores y personas que no deben diluirse y, sobre todo, porque el apoyo de miles de votantes el 28 de abril y el reciente 26 de mayo les obliga precisamente a ser responsables. Pero evidentemente esos apoyos se perderán si Coalición continúa instalada en el discurso prepotente que fabricó desde el poder y que amplificaron, fruto de una red clientelar de intereses, sus altavoces en medios de comunicación públicos y privados. Pensar que los responsables del último mandato de CC y de la desastrosa negociación de un pacto pueden ser los encargados de la refundación no es más que persistir en el error.