Del director

Tres apuntes para cerrar la semana

Puigdemont y el Congreso. Al fin, algo de cordura en el debate sobre el soberanismo catalán. Desde el Gobierno central se invitó ayer al presidente catalán a acudir al Congreso de los Diputados para debatir, se manera sosegada pero al mismo tiempo sin reservas, sobre una posible reforma constitucional, que sería la única vía para hacer posible un referéndum y encajar en la legislación las ansias de independencia. No parece que esa oferta, hecha casi a última hora, vaya a satisfacer a Puigdemont y los suyos, pero en todo caso quizás sea lo que debió haberse puesto sobre la mesa hace mucho tiempo. Años incluso. Me refiero a la apertura en las Cortes de un grupo de trabajo que abordase las tensiones territoriales y cómo atemperarlas, o sencillamente atenderlas, en el marco de una reforma constitucional. Porque la Carta Magna no es inamovible, y de hecho ha sido modificada cuando la situación lo requería -la última, por cierto, de manera vergonzante para un Estado que presume de democracia-.

El PSOE, el miedo y el voto útil. Queda un día para que sepamos quién es el nuevo líder del PSOE. Y eso dando por hecho que quien gane en las elecciones de mañana será el que finalmente se consolide en el puesto, ya que las garantías de que eso ocurra no son muchas si el resultado es ajustado. A medida que se acercaba el instante de apertura de las urnas, se acrecentaban las dudas sobre el vencedor. Y crecía exponencialmente entre los partidarios de Susana Díaz el miedo a un sorpasso protagonizado por Pedro Sánchez. En cuanto a Patxi López, hay coincidencia mayoritaria en que su discurso en la campaña y especialmente en el debate fue el más conciliador y, por tanto, el que más necesita el partido, pero son tantos los odios entre los otros dos bandos, que seguramente habrá una decantación hacia el voto útil, dejando entonces el de López como inútil. Que no a él.

¿El principio del fin de Trump? Donde también hay miedo es en EE UU. Y en el mundo entero. Donald Trump es una caja de sorpresas desde el día primero de su mandato, pero con el añadido de que estamos hablando del individuo con más poder en el planeta. Y por muy poderoso que sea, hay límites que no se pueden cruzar, que son los de la legalidad. Ya en su partido, y por supuesto entre los demócratas, se empieza a hablar de la posibilidad de desbancarlo de la Presidencia si las fundadas sospechas de que traspasó esa frontera se confirman. La cuenta atrás podría haber empezado.