Las venas abiertas

Los nuestros

17/02/2020
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A algunos nos tocó idolatrar en diferido. En base a la tradición oral y a fotos en blanco y negro. Por ello es probable que la idealización del pasado forme parte de la genética de mis sentimientos. Me pasa con el carnaval, donde me gusta seguir el rastro de las viejas letras que Blas Quintana escribió para Los Rockefeller y Los Chancletas.

Y, por supuesto, me pasa con tristeza en el fútbol. Donde sé que nunca más se hablará de una Unión Deportiva por y para el pueblo. Aquella en la que lució el recientemente fallecido José Manuel León. Un futbolista de época, al que muchos no llegamos ver jugar nunca, pero que deja una huella tan imperecedera como en esa foto suya en la que supera a un derrotado Iribar sobre el césped embarrado de San Mamés.

«Con la marcha de León se extingue ese tiempo en el que los ídolos eran de la tierra»

Un tiempo en el que los niños jugaban a ser como los referentes de la tierra. Cuando aún la sociedad de consumo y la información no había impuesto que el ejemplo bueno era el de fuera. Cuando no habíamos caído en el complejo y valorábamos nuestras tradiciones.

Con León se va un poco de todo eso. Un tipo que profesaba amor por lo que representaba el escudo más grande de nuestra isla, aunque para ella tuviera que prestarse a causas que no estaban a la altura de lo que su trayectoria merecía.

Hace ya casi una década se encaró conmigo en una entrevista radiofónica. «Te reíste de mí y de Paco (Castellano) diciendo que éramos viejos y pusiste música de los programas de Don Francisco. Y ahora tienes que tener cojones para mantenerlo», me gritó en antena.

Por supuesto aquello nunca había sucedido y alguien le había ido con la trola. Pero tras ello mantuvo la nobleza del canario antiguo, nunca me retiró el saludo ni me negó una entrevista.