Las venas abiertas

El ayuntamiento sordo

12/11/2019

La ciudad de la participación ciudadana se quedó muda. El tripartito que sólidamente se amarró a sus despachos en Las Palmas de Gran Canaria, juntos pero no revueltos desde 2015 con las siglas del PSOE, Podemos y Nueva Canarias, publicitó como una de las raíces de su función pública el protagonismo de los ciudadanos en sus decisiones.

Era el eslogan de moda en aquellos años. Se creó una concejalía a medida del reto y se convocó un innecesario y fallido plebiscito a cuenta de rebautizar la calle de Juan Rejón como La Carretera. También se pusieron en marcha una serie de presupuestos participativos de baja ejecución y que no responden a las necesidades reales de la inmensa red de barrios que colmatan Las Palmas de Gran Canaria y que van más allá del eje Triana-Puerto de la línea 1 de Guaguas.

«En el caso del astillero de yates el gobierno local se inhibe y enmudece a sus vecinos»

Y fundalmente se ha alejado a la ciudadanía de las grandes decisiones. De las que además amenazan con cambiar durante muchos años la fisionomía de una ciudad ya de por sí maltratada urbanísticamente. Un ejemplo reciente es el caso del astillero para megayates que una empresa llamada Rodritol quiere instalar en el muelle del Refugio. Una estructura de más de 20 metros de alto que cuenta con la reprobación de diversos colectivos vecinales como el Foro por La Isleta, más allá de informes negativos del área de Salud del Gobierno de Canarias. Estos hacen una oposición cívica, en la que no piden que no se haga sino que se desplace a otro espacio dentro del Puerto, donde hay lugares de sobra para ello sin atentar, una vez más, contra el frente marítimo de la ciudad.

Pero tras intentar delegar responsabilidades, el Ayuntamiento, subido a un ego más alto que la Casa del Coño, se inhibe y enmudece de nuevo las demandas de sus vecinos.