Las venas abiertas

La ciudad armónica

22/10/2019

Una de las imágenes de la transición en Canarias se produjo el 21 de abril de 1979. Manuel Bermejo, de Unión del Pueblo Canario, fue elegido alcalde de Las Palmas de Gran Canaria en un pleno, según las crónicas, escandaloso e incendiario y que acabó con la histórica fotografía de la bandera de las siete estrellas verdes colgando de la fachada de las Casas Consistoriales de Santa Ana.

Bermejo solo duró 15 meses, ajusticiado por uno de los famosos giros hacia la derecha de un PSOE que pasó a gobernar con la UCD tras una moción de censura y la dimisión del nacionalista. En su proclamación como alcalde, Bermejo lanzó un mensaje: «Que sea verdad que el Ayuntamiento es la Casa del Pueblo. Crearemos una ciudad armónica. Vivimos el gran triunfo del poder popular», aseveró.

«Las Palmas está lejos de ser una ciudad armónica y en la que vence el poder popular»

Desde el retorno de la democracia hasta nuestros días han pasado muchos gobiernos municipales. Pero desde luego se está muy lejos del poder popular y Las Palmas de Gran Canaria no es para nada una ciudad armónica. Todo lo contrario. Es una ciudad presa de desigualdades en la que los barrios de las alturas no cuentan con la misma atención que las zonas nobles.

Los problemas de la gente, de aquellos lugares en los que se concentra masivamente la población, son en muchos casos los mismos que en 1979. Mientras Augusto Hidalgo presume de macrodatos y proyectos faraónicos, mientras da bienvenidas a inmobiliarias de lujo, en Cañada Honda esperan por una canalización decente. Mientras anuncian nuevas unidades de la Policía Local sin arreglar sus demandas laborales y se tienen que activar las luces de emergencia para salvar los convenios de bienestar social o el servicio de ayuda a domicilio. Ese es el verdadero relato de una ciudad.