La arista

Transparencia y valentía

20/10/2019

Debo reconocer que me sorprendió que el Gobierno de Canarias convocara una rueda de prensa para dar a conocer un informe sobre la pobreza que más bien tendría que esconderse porque poner colorado a los gestores públicos canarios. Los asesores del Gobierno, siguiendo las prácticas habituales de la comunicación política, debieron aconsejar ocultar las cifras que describen una dura realidad del día a día de miles de canarios que no logran vivir con dignidad. Debieron dejar pasar el informe por debajo de la puerta y llamar a los medios afines para que lo publicaran en una esquina y pasase desapercibido.

Pero no. El informe fue proclamado, publicado en todos los medios y objeto de algunos sesudos artículos de opinión. El propio presidente del Gobierno, Ángel Víctor Torres, publicó en Twitter un vídeo en el que recordaba las vergonzantes cifras de la pobreza, en Canarias y en el mundo.

«Si aceptamos que la pobreza es una realidad preocupante, estaremos dando el primer paso para lograr juntos una Canarias más solidaria y más justa», decía el presidente en las redes sociales, haciendo gala de dos principios que están marcando la legislatura del pacto de progreso. Por un lado un buen análisis de la realidad y su aceptación para emprender su transformación. Y del otro la transparencia y la complicidad de los ciudadanos para tomar las medidas necesarias que corrijan el rumbo.

Y es que esto de la pobreza o del paro estructural no es nuevo en Canarias. La brecha social es un hecho que llevan denunciando organizaciones no gubernamentales con cifras de sus propias actividades y de la gente a la que atiende. La crisis económica del 98 la agravó. Aún no nos hemos recuperado del zarpazo y estamos entrando en otra etapa oscura que amenaza con acabar, primero, con los más débiles. El periodo neoliberal que vivimos con Coalición Canaria, con sus opciones políticas que incluían muchas ventajas para los privilegiados, escondía una realidad bien distinta a la que pintaron. El Gobierno de Clavijo trató de disfrazar y ocultar constantemente la tozuda y triste realidad de Canarias en todos los niveles, pero especialmente el que afecta a los más débiles, a los que se condenó, exclusivamente, a encontrar un empleo en un mercado que no quiere crearlo; y a bajar impuestos en cifras imperceptibles para la economía doméstica, en la convicción de que así se completaría el virtuosos círculo económico del progreso.

Ninguna previsión de aquel gobierno se ha cumplido, es más, en ningún momento contó con un análisis prospectivo que le llevara a pensar que la economía volvería a pasar por otro calvario, y que Canarias, como siempre, sería la primera región en sentirlo. Asistimos en los últimos cuatro años a una mascarada en todas sus dimensiones que escondía que los canarios cada día somos más pobres. La propaganda escondía también la falta de iniciativa para articular medidas para paliar la situación, salvo un triste informe que nunca vio la luz en una vicecosejeria creada como escaparate de una preocupación inexistente y para esconder las verdaderas políticas de un gobierno entregado a los poderes económicos.

El pacto de progreso tendrá que tomar decisiones difíciles en un momento económico y político de inestabilidad para cumplir con sus objetivos y lograr el difícil encaje de conciliar la justicia y el bienestar social con una economía justa y sostenible. Para eso, para poner muchas cosas en su sitio, hacen falta grandes dosis de valentía, la que creo que no le falta a un Ángel Víctor Torres que parece no se deja amedrentar por poderes extraños a sus ideales, la de Román Rodríguez que ha dado muestras reiteradas de tener claras sus prioridades o la de Noemí Santana, que ha pasado de las proclamas a en las plazas públicas a la gestión de las miserias. Ahora bien, que no se llamen a engaño. Estas opciones tienen muchos y poderosos enemigos que están dispuestos a hacer fracasar el proyecto que tanto ha ilusionado a los canarios.