Mi punto de vista

Sentido y sensibilidad

10/09/2019

Reconozco que cuesta algo más de lo habitual, tras el periodo vacacional, poder hilvanar estas líneas. Cuestión de tiempo. Ya empezamos a retomar la rutina diaria. Los niños al cole, el tráfico se incrementa, los agobios nos acompañan y la vida continúa. Hemos atravesado un verano en el que el fuego nos ha dejado huella. Acudir a la cumbre y vislumbrar el paisaje actual nos produce tristeza e impotencia, pero ahora todos confiamos en la madre naturaleza y en una reforestación que nos devuelva esa estampa única. De aquellos días de desazón, tristeza, temor y esperanza me quedo con la manía de esas fotos ridículas que tanto les gusta a los políticos. De la instantánea en formación realizada en la Base Aérea de Gando, con Pedro Sánchez al frente, me pareció de un ridículo supino; y de la heroicidad del alcalde de Artenara dándole plantón al presidente del Gobierno de España en funciones porque tenía que ayudar a sus vecinos, pero obviando que el día antes fue raudo y veloz al Mirador de La Cilla para hacerse la fotito junto a Pablo Casado, presidente de su partido, fue de traca. La sensibilidad es importante, pero el sentido no hay que obviarlo.

El fuego parece que nos ha despejado la mente. Ahora todos respiramos hondo, valoramos la pureza de nuestros montes y la belleza del paisaje. Pero la realidad es bien distinta. Las hectáreas ya están quemadas y cada uno irá a lo suyo. El incendio de Gran Canaria debe servir para implantar una concienciación general que debería implantarse en las aulas para que los niños y niñas de la isla sepan cuidar su entorno y mimarlo al máximo. Porque de qué nos sirve llenarnos la boca de la pena que nos produce ver nuestros montes llenos de cenizas si vemos un día sí y otro también actos incívicos que nos producen hastío.

Y de muestra un botón. El peregrinaje a Teror convirtió el arcén de la carretera de Tamaraceite a la Villa Mariana en un estercolero. También en las redes circula estos días un video del servicio de Limpieza del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria de cómo nuestros jóvenes dejan el Intercambiador de Santa Catalina durante las noches de marcha, sin olvidar la indecencia de muchos de llenar de escombros y vertidos ilegales barrancos, senderos o distintas zonas, sin tener en cuenta que disponen de puntos limpios para ello. Y ejemplos de este tipo hay miles.

La reflexión es profunda, pero debemos mirarnos hacia nuestro propio ombligo. Valorar las cosas es importante, pero la falta de valores es lo que prevalece en una actual sociedad llena de gente sin escrúpulos.