Primera plana

Sánchez, Casado y las encuestas

19/10/2019

La situación demoscópica es interesante. La distancia entre PSOE y PP se estrecha. Ayer eldiario.es publicaba una noticia sobre las encuestas en la que se encontraba un gráfico sobre la evolución de la estimación de voto (una proyección realizada a partir de un modelo estadístico basado en encuestas) que refleja el pulso electoral que vive el país desde el verano. Los datos a cuenta de la diferencia entre socialistas y populares son llamativos y constatan que el PSOE está perdiendo respaldos desde la sesión de investidura fallida de Pedro Sánchez. Merece la pena detenerse a analizarlos.

El 24 de julio el PSOE atesoraba un 33% de estimación de voto mientras el PP estaba en un 18,5%. La diferencia entre ambos era, nada más y nada menos, que de 14,5%. Un oasis para cualquier político que encima está como presidente del Gobierno en funciones. Insisto, nos situamos en el marco temporal de los días de la sesión de investidura fracasada de Sánchez donde renegó de un pacto de izquierdas con Podemos y los nacionalismos periféricos al tiempo, que también podía haberlo intentado, que no quiso negociar con Ciudadanos. Este pacto último entonces sumaba pero de cara al 10N todo apunta que no será el caso dado el desplome que se vaticina de Ciudadanos.

Pasan tres meses mal contados, una insignificancia temporal, y nos colocamos en el 16 de octubre. El PSOE obtendría ahora un 27,7% y el PP, que sube, alcanza el 21,4%. Ahora la diferencia entre los dos protagonistas del bipartidismo se reduce tan solo a 6,3% de los votos. Es decir, que mal que bien el PP en este intervalo tan corto de tiempo va camino, de tener uno o dos meses más a su favor, de empatar con el PSOE.

Aquí entra el factor Cataluña. Y, de seguir esta tendencia, el PP se irá acercando al PSOE que podría tener una victoria más incómoda de lo que de por sí ya alarma en Ferraz. No solo no se produciría el anhelado redoble de escaños que Sánchez creyó sino que puede llegar al final de la campaña más presionado de lo que jamás imaginó. En todo caso, pase lo que pase, aquí ya hay un ganador: Pablo Casado. El líder de los populares cierra el debate interno sobre su mando en el cuartel general de Génova, se instala en la posición indiscutible de jefe de la oposición y queda a verlas venir mientras Sánchez trata (a saber cómo lo hará) de salir de la ratonera en la que se ha metido. El panorama político es apasionante hoy por hoy. Y tras el 10N lo seguirá siendo igual o más aún. Los próximos meses prometen. Con la aclaración de que el bipartidismo de antes no volverá. La sociedad después de la Gran Recesión de 2008 es otra. Pero la pugna entre PSOE y PP es evidente. La repetición electoral forzada por Sánchez pinta que le puede salir cara, y sin haber tenido necesidad.