Las venas abiertas

Recuperar la sonrisa

23/04/2019
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Entre el lenguaje con el que Podemos irrumpió con esperanza entre 2014 y 2015, antes de que el partido fracturara su imagen desangrándose en su particular juego de tronos, Pablo Iglesias colocó muy bien en su discurso un eslogan que hablaba de recuperar la sonrisa.

Esta sociedad no es aquella a la que todavía nos podemos aproximar si sacamos del estante a Gil de Biedma, que tan sutilmente nos enseñaba las heridas lacerantes de una España dividida en dos, de izquierda a derecha, en la que el sol tardó mucho en mostrarse con esplendor por la asonada asesina de los fascistas.

Ahora, más que triste está enfadada. Ha asumido ese discurso lleno de odio y que viaja de red social en red social y de televisor en televisor trasladando el rostro encrespado de algún político, da igual desde donde florezca su ideología.

Se está quedando esta sociedad como para pedir la rescisión de contrato como ciudadano

La discusión iracunda está instalada en nuestro días, como preludio a una violencia incontenible que asoma su cabeza, casi inevitable, si alguien no rebaja el escupitajo verbal y dejamos de seguir a esas fábricas de mentiras, que insultan su responsabilidad social, cada vez que se suben a un estrado.

Sí es cierto que hay que recuperar la sonrisa. Las rivalidades políticas hoy se cargan con antorchas, y ese desprecio por el otro, ese antagonismo feroz y despreciable, se filtra en todos los estratos sociales. Como esos que vociferan alrededor de uno en una agotador puente aéreo futbolero entre madridistas y culés. El opio del pueblo también concebido ya como canal para el odio y el rencor.

Se está quedando esta sociedad como para pedir la rescisión de contrato como ciudadano, buscar una cueva, y dejar pasar mil años. A ver si entre todos matamos tanto odio y volvemos a vivir en paz.