DEL DIRECTOR

PP y Vox

Todo indica que empiezan a convivir

Francisco Suárez Álamo
FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO

Según el sondeo del Centro de Investigaciones Sociológicas, la llegada de Alberto Núñez Feijóo a la presidencia del Partido Popular está disparando la intención de voto hacia esa formación política. Que sería algo así como afirmar que con Pablo Casado el PP iba cuesta abajo, pues al dirigente gallego apenas le ha dado tiempo de hacer grandes cosas: ha llegado, ha besado al santo, se ha acercado a ver a Pedro Sánchez y poco más.

El mismo PP que ayer aplaudía el sondeo del CIS es el que hasta anteayer despotricaba de las cábalas de Tezanos pero así se escriben estas cosas. Quizás lo más relevante sea la confirmación de que si el PP mantiene una tendencia creciente, la de Vox se frena, pues en gran medida estamos hablando de vasos comunicantes. Y es razonable que así sea: Vox no nació de repente ni es fruto de la llegada con nocturnidad de grupos de extrema derecha enviados por Putin, Le Pen u Orban. Su origen está primero en el desencanto con los movimientos del PP en la etapa de Mariano Rajoy y después en un malestar general que Abascal y los suyos han sabido interpretar y canalizar -a cada cual, lo suyo-. Además, Vox parece haber acogido con mayor habilidad a los votantes de Ciudadanos, desencantados con un partido que un día pensó que podía vencer en las urnas, después se acercó al PSOE, más tarde trató de alejarse de Sánchez y ahora ya da igual dónde se ponga: su suerte parece estar echada y todo indica que le tocará a Inés Arrimadas hacer la liquidación, apagar la luz al salir y echar el cierre definitivo.

¿Qué harán PP y Vox si efectivamente sus votos tienden a trasvasarse? Pues todo indica que empezar a convivir formalmente para así confirmar que si hay elecciones generales y los números lo permiten, están en condiciones de compartir techo en La Moncloa. Por eso ha salido adelante el pacto en Castilla y León y por eso seguramente Juanma Moreno adelantará elecciones en Andalucía, para así finiquitar a Ciudadanos en esa región y conformar otro Gobierno regional con Vox para, de paso, enseñar a la ciudadanía que ese partido se ha ido 'domesticando' un poco.

Otra cosa es ver cómo encaja Vox esa estrategia, pues le ha ido bien en medio del jaleo en que se ha convertido España, de manera que 'institucionalizarse' puede tener un riesgo. Abascal y los suyos no tienen más que mirar a Unidas Podemos, que empezó a morir el día que pasó de asaltar los cielos de la política a ocupar los despachos y acompañar al rey en los viajes oficiales.