Primera plana

Nueva Canarias, entre el PNV y el BNG

17/02/2020

Es un ciclo decisivo para el nacionalismo en las islas en el que Nueva Canarias tiene todas las papeletas para liderarlo y aunar esfuerzos en aras de dimensiones potenciales que podrían trastocar por completo el sistema de partidos en el archipiélago. Nueva Canarias tiene que afianzar su proyecto político al alimón del avance institucional logrado en los comicios, tanto locales y autonómicos como nacionales, de 2019; su poder institucional es el más significativo y sólido desde su nacimiento como formación. En 2020 encara su Conferencia Política y, no siendo menos, en 2021 le espera la cita congresual que debe servir para su relanzamiento desde el reagrupamiento de activos y cuadros junto a su rearme ideológico encaminado a la inminente era en la que se yuxtapone el dilema del sistema del 78 que languidece en su operatividad y en sus réditos alcanzados como Segunda Restauración y el avivamiento (con cuestionamiento del modelo autonómico incluido) del tema territorial motivado por la crisis catalana y el auge de Vox.

Este fin de semana se publicaron dos encuestas que arrojan luz sobre qué le aguarda tanto a los nacionalismos en su conjunto como a la izquierda de ámbito nacional. Recordemos que este 2020 será el carrusel electoral en las llamadas nacionalidades históricas: el 5A habrá comicios en el País Vasco y Galicia y asimismo, aunque aún sin determinar la ficha por Quim Torra, en Cataluña.

En cuanto al País Vasco, ABC publicó un sondeo elaborado por GAD3 en el que apunta el aumento tanto del PNV (de 29 escaños pasaría a 31-32, en votos aumentaría desde el 37,4% al 40,5%) como de EH Bildu (sus 17 actas actuales se convertirían en 18-19, el 21,1% de respaldo cosechado en septiembre de 2016 sería ahora un 22,4%). Por su parte, las formaciones de ámbito estatal descienden (PP y Podemos) o acusa un pírrico crecimiento (PSOE de 9 a 10 diputados, del 11,9% al 12,3% de los sufragios).

Con respecto a Galicia, el diario digital El Confidencial ofreció una encuesta de Metroscopia en el que materialmente la tónica es similar a la vasca: el aumento considerable lo lleva a cabo el BNG dando un salto significativo desde los 6 escaños hasta los 14 (del 8,4% al 18,5% de los votos) mientras el PSOE crece solo dos representantes, de los 14 obtenidos en septiembre de 2016 a 16 (17,9% a 20,1% de respaldo popular).

Es decir, los progresos electorales del PSOE en sendas nacionalidades históricas son escasos y no casan con el hecho de que Pedro Sánchez esté gobernando y, por ende, se presume que estar en La Moncloa debería servir para que el PSOE inicie un gran periodo de hegemonía que justo en el País Vasco como en Galicia debería constatarse. No es el caso. Dicho en plata, de confirmarse los pronósticos demoscópicos, no se genera una ola electoral a favor del PSOE. No hay una luna de miel entre Sánchez y el electorado. Una tendencia que probablemente irá a más a medida que se certifique, porque las cosas son como son y no le queda otra, que el PSOE estará hipotecado por la crisis de Cataluña en la que queda preso de ERC en el mejor de los supuestos o, por el contrario, directamente se le irá de las manos. Sin ir más lejos, la creación del cupo catalán al estilo del vasco y del concierto navarro va a provocar un terremoto político por sus inescindibles efectos en las arcas públicas del resto del Estado.

Este es el marco de juego (con un componente esencial de pugna territorial e inoperatividad funcional del PSOE y del PP como los actores políticos tradicionales de carácter dinástico y sistémico a modo del neoturnismo) que atañe a Nueva Canarias. Las claves que están detrás de este incremento del PNV como del BNG son las que espolean a la vez a la formación liderada por Román Rodríguez. Una ocasión valiosa e irrepetible para Nueva Canarias que debe aprovechar. A la par que los cimientos del PSOE no son tan compactos como Ferraz vende sino que están debilitados; la etapa de Sánchez está cogida con pinzas y en cualquier instante su mayoría parlamentaria podría encallarse.

No habrá arreglo de la problemática de Cataluña, si es que lo hay, que no remueva el estatus del conjunto del Estado. E implicará, sea formal o materialmente, una reforma constitucional que apelará a que las nacionalidades históricas, también Canarias, sepan resituarse en este punto de inflexión en el que se halla el sistema del 78. Por supuesto, esta tarea nadie la hará desde fuera por Canarias. Todo lo contrario, incomoda a Madrid que prefiere que en las islas impere el silencio acomodaticio que no reivindique lo que le pertenece: sus derechos como nacionalidad. Este es, en fin, el mapa de combate político que urge y concierne a Nueva Canarias.