Ultramar

No es tiempo de reproches

28/03/2020

Aplaudimos a los esforzados que pelean, poniéndose en peligro, por preservar nuestra salud. También, nosotros y los cargos públicos, nos jactamos del ejemplar comportamiento del que hace gala la mayoría de la ciudadanía, atendiendo al mandato del confinamiento. Obedientes que somos, y cagados también, porque lo de callejear conlleva serios riesgos. Además de la consabida multa el virus acecha y no es peligro menor. Sin embargo, encorajina cómo ese pueblo que acata la orden esconde un ejército que, entre las cuatro paredes de su confinamiento, se desata en las redes sociales descargando hiel, improperios e insultos a cualquiera que sea que desempeñe una responsabilidad en este lío en el que estamos.

«De lo que se trata es de recuperar la salud y los espacios de libertad que hemos cedido»

Es cierto que el humor y el ingenio corre a raudales por el mundo virtual y bien que ayudan a sobrellevar el enclaustramiento; pero también lo es que no pocos se empecinan en agriar el ya de por si amargo ambiente que sufrimos. A la vista está que no son días para alentar reproches que hagan renquear el ánimo. De este hace falta todo y del bueno, fundamentalmente porque sabido es que la buena disposición es un arma decisiva para sobrellevar primero y vencer al final toda adversidad. Y esta es una de las grandes, muy grandes.

Claro que se están cometiendo pifias, lo de comprar test rápidos defectuosos para detectar el Covid-19 debería ir más allá de un juzgado de guardia. Es evidente que esta crisis sanitaria y la que económica en la que ya estamos van a dejar unos cuantos cadáveres políticos, la consejera de Sanidad canaria, ya en cuarentena antes incluso de la pandemia, es el primero, pero en esta batalla hay que aunar voluntades, esfuerzos y ser todos uno. Gobierno, oposición, nosotros y los otros. Tiempo habrá de dirimir y exigir responsabilidades por tantas ineficiencias; pero cuidado con dar pábulo a los odios y quererlos capitalizar el día después porque se pueden desatar demasiados demonios.

No nos confundamos y que no nos confundan. Cuidado con desmelenar al germen del autoritarismo. Aquí de lo que se trata es de recuperar la salud y también los espacios de libertad que hemos cedido, obedientemente, para acabar cuanto antes con la amenaza contagiante del coronavirus.

Vencida la plaga hay que volver a las calles, a los reencuentros, a los abrazos, manteniendo vivos todos los mecanismos de protección arbitrados, y los que haya que arbitrar, para los más vulnerables, sin olvidar, por supuesto, que el sistema sanitario público, garantía de vida, no puede estar al albur de caprichos políticos.