Del director

Mucho más que Page

Seguimos estando muy lejos. Lo digo por el interés con que la prensa nacional ha seguido el pacto de gobierno suscrito en Castilla-La Mancha entre el Partido Socialista y Podemos, como si fuera el principio de una nueva era fruto del entendimiento entre dos formaciones que se pelean por acaparar el espacio de izquierdas. ¿O es que acaso no se suscribió hace dos años un pacto, que aún se mantiene, entre socialistas, Podemos y Nueva Canarias en Las Palmas de Gran Canaria, ciudad que forma parte del club de las diez más importantes de España? Uno puede entender que en 2015, con todo el lío que había a nivel nacional, los pactos que se firmaban en Canarias pasaban desapercibidos. Pero el de la capital grancanaria, y sobre todo el hecho de que sobreviva, no es cualquiera cosa. En especial porque sentó un precedente que fue analizado con lupa por algunos en Ferraz, pero que no se extendió por la geografía nacional porque, acto seguido, se abrió en el PSOE federal el cisma que finalmente derivó en la abrupta salida de Pedro Sánchez.

¿Ha conseguido el tripartito capitalino todo lo que prometió? Evidentemente, no. Primero porque estamos a mitad de mandato y segundo porque algunas de sus propuestas son seguramente inalcanzables. Y es ahí donde se encuentra el gran problema de Podemos: es muy fácil prometer al electorado el asalto a los cielos, pero a las primeras de cambio se encuentran con que la escalera tiene muchos peldaños y ese cielo prometido está muy lejos. En una lejanía casi infinita.

Lo ocurrido en Castilla-La Mancha le viene de perlas a Pedro Sánchez. Ya no es él un solitario en la izquierda abogando por un entendimiento con Podemos, sino que pasa por ese aro todo un barón territorial, uno que pesa mucho internamente y que, además, no era precisamente afín a Sánchez. García-Page, después de tanto predicar, se dio cuenta de lo incómoda que puede ser la minoría y pasó por el aro. ¿Será esa la piedra angular sobre la que se constituirá a corto plazo una alianza de izquierdas que derive en una censura contra Rajoy? Que nadie se precipite, pues ya ayer García-Page descartó esa teoría. Pero no es menos cierto que el roce hace el cariño, de manera que podemos encontrarnos con que dos partidos que estaban enredados en una agria disputa hace pocos meses, ahora empiezan a calibrar cuánto pueden ganar si aparcan las diferencias. Es lo que hizo García-Page y sospecho que es lo que harán en 2019 en unas cuantas autonomías y ayuntamientos. Seguro que entonces serán varios los socialistas que llamarán a Augusto Hidalgo a preguntarle cómo le fue en la alianza y quizás entonces se le reconozca al Ayuntamiento de la capital grancanaria su condición de pionero. Claro que a saber para entonces en qué candidatura está colocado Augusto Hidalgo, pero ese es otro cantar.