Las venas abiertas

Mirar hacia otro lado

30/06/2020

Mirando unos periódicos antiguos vi una foto de Juan Rodríguez Doreste, por aquel entonces alcalde de Las Palmas de Gran Canaria, encabezando a los mandos de una bicicleta una movilización ciclista. Y también vi como, casualmente, ese día los vecinos del Cono Sur cortaron la autovía durante una jornada de vela latina para protestar por los problemas de suministro de agua que durante los tempranos ochenta padecían esas esquinas marginadas de la ciudad.

El alcalde consiguió con la anécdota robar foco a los manifestantes en el truco más viejo del mundo, haciendo a la gente mirar al otro lado de lo que de verdad importa.

Es como lo de los reyes de España y su plato de jamón en Las Canteras. Estuvimos más preocupados de lo folclórico y el traje de Zara que de cuestionar lo impropio de una agenda que, en días en los que no se para de hablar de reconstrucción social, a los herederos del reino solo les dio tiempo de ir a la playa, a la Casa-Museo Pérez Galdós, y encerrarse en los lujosos salones de un hotel emblemático a escuchar las plañideras de las patronales y los hoteleros. No fueron a esos sitios en donde de verdad le duele el pueblo.

«Solo se escucha una voz. Y no es la de las trabajadoras que pueden perder lo ganado»

En los últimos años, los poetas y los ciudadanos se vieron cercados en las páginas de opinión de los periódicos por los políticos y los empresarios. Con el monocultivo del turismo solo se escucha una voz y ahora que volvemos poco a poco a aparentar normalidad, como los reyes en su agenda, nos olvidamos de la gente que nos necesita.

De esas trabajadoras que atienden con expectación a su futuro, que temen que de nuevo un complejo escenario social actúe de salvoconducto para pulverizar los pocos derechos sociales que recuperaron cuando decidieron dar un paso adelante.