Desde mi sofá.

Más realidad y menos Greta

02/12/2019

Vivimos en un tiempo tan desnortado que, sin personas o acciones simbólicas, parece que nada tiene sentido. Lo que prima no es la realidad y la búsqueda efectiva de soluciones ante los grandes problemas. Lo que manda es el gesto vacuo, lo anecdótico y lo que ha pasado a denominarse (con acierto) como postureo.

Madrid acoge desde hoy la Cumbre del Clima, una macroconvención para debatir sobre la emergencia que padece el planeta fruto de los excesos del ser humano. Los expertos llevan años alertando sobre una situación que va camino de convertirse en irreversible. Ya no valen las medias tintas. Toca actuar con celeridad y eficacia, remangarse y poner en marcha una batería de medidas en todos los niveles de la sociedad. La concienciación debe llegar y determinar el ámbito privado de cada individuo y el general, a nivel planetario. Evidentemente, sin un compromiso por parte de los máximos mandatarios políticos será difícil. Pero las decisiones y las medidas no deben estar bajo su competencia. Deben nacer del consenso de los expertos en la materia. Es decir, de los científicos. Los primeros solo (que no es poco) deben dar su visto bueno a los dictámenes de los especialistas.

No hay que perder la esperanza y confiar en que la cumbre madrileña sea efectiva y que no se convierta en un circo mediático y que lo realmente importante sean las medidas que se lleven a cabo y no los símbolos.

Me refiero, por ejemplo, a la esperadísima llegada de Greta Thunberg. Me parece loable lo que hace esta activista sueca de 16 años. Como símbolo de la lucha y concienciación para la defensa del medio ambiente está muy bien, siempre y cuando su familia y entorno sea consciente de los peligros que entraña tanta exposición pública y mediática, que puede acabar convirtiéndola en un muñeco roto. Ejemplos sobran al respecto.

Pero si alguien con un mínimo de sentido común se sienta a escuchar lo que proclama, descubrirá que no se trata más que de obviedades, como no podía ser menos de una niña de su edad. Que hay que defender el planeta lo saben, a estas alturas, hasta los niños de las guarderías. La situación es de emergencia y los iconos no la solucinan y tienen su lugar idóneo en el ocio.