Las venas abiertas

Los votos del Granca

12/03/2019

Quien paga manda, verdad universal e inapelable. Y más cuando sostiene la mayor parte del accionariado de esa empresa que debería ser privada, se llama CB Gran Canaria y ha sido incapaz de transportarse al estatus de las sociedades anónimas por lo confortable que ha sido siempre dormir sobre el colchón del dinero público.

Incluso, durante décadas, el club fue capaz de eludir la fiscalización de la Casa Palacio del Cabildo, cuenta corriente de la que depende la mayoría de sus recursos, y gestionarse, con menos tino del que se presupone, con independencia en sus decisiones. Especialmente en las del ámbito deportivo.

«El Gran Canaria ni da votos en las fotos triunfales ni los quita en los malos resultados»

La etapa de Lucas Bravo de Laguna, entonces en el PP, trajo también otra forma de hacer las cosas. Un intervencionismo que salpicó, curiosidades de la vida, a Pedro Martínez.

Desde entonces el club se ha convertido en una muestra más de la paranoia política. Consejeros que llaman a capítulo a los responsables del club –a los que han dotado de un salario más que decente– para indicar casi a gritos que «el Granca no nos puede costar ningún voto».

Y por ello lo de la paranoia. Ese intervencionismo que ha retratado la recta final de la etapa de Víctor García al frente del equipo solo muestra lo perdidos que andan los responsables de la parcela deportiva en el Cabildo. El Granca ni cuesta ni da votos, por mucho que en los buenos momentos se dieran carreras por los pabellones para llegar a tiempo de la foto triunfal en el vestuario. Pero tampoco los quita. He estado en mil conversaciones sobre política y escenarios electorales, y en algunas se ha hablado bastante más de cómo algunos políticos desatienden sus cargos para hacer campaña desde hace meses que de votar o no por el resultado de un equipo.