Las venas abiertas

Lo que nos estamos perdiendo

31/03/2020

Una de las imágenes más emblemáticas de la celebración del primer scudetto ganado por el Nápoles de Maradona en 1987 quedó retratada a la puerta de un cementerio. Los tifosi de San Paolo colgaron junto a la entrada una pancarta en la que se leía «no saben lo que se han perdido», una lona de plástico que dejaba de manifiesto la relevancia del momento histórico por el que atravesaba la ciudad, víctima de mil cataclismos a lo largo de su historia.

Ahora vivimos un momento histórico. Nada comparable, de más está explicarlo, con el triunfo de un equipo de fútbol por mucho que este arrastre con mucha carga sociológica. Y podemos tener la sensación de que nos estamos perdiendo muchas cosas. Porque, además, es verdad. Pero sería recomendable que entre todos contribuyamos a que cuando todo pase y la vida vuelva a florecer no sea necesario atestiguarlo a la entrada de un cementerio.

Que ejerzamos nuestra responsabilidad y nos quedemos en casa. Han pasado más de dos semanas desde que nuestras vidas quedaron reducidas a los metros sobre plano de nuestras viviendas. Y no hemos parado de comprobar que la imbecilidad humana realmente no tiene límites. Que nos hemos topado con folladores de portal que recorren más de 20 kilómetros saltándose todas las prohibiciones posibles en vez de aprovechar que Pornohub ha liberado sus contenidos para aligerar peso. O bandas callejeras de mercadillo que montan trifulcas multitudinarias en las calles de Vecindario.

«Mientras menos conscientes seamos de ello más dura será la caída del día después»

Pero también hay muchos que no salen en los memes que nos están complicando la vida a todos. Porque no se trata de que no podamos salir de casa porque el Gobierno lo haya decidido y punto. Se trata de que en cuántas más ocasiones salgamos a por el pan o crucemos las aceras más riesgo de contagios y de no detener nunca esa maldita curva tenemos. Porque uno se asoma a la ventana y hay momentos en el que el tráfico de personas ante el edificio no es muy distinto al de aquella otra vida de hace unos meses.

Porque al final lo que estamos perdiendo no es la posibilidad de canalizar nuestras pasiones a través del deporte. Porque mientras menos contribuyamos a cerrar este círculo vicioso de contagios y encierros al final en nuestros epitafios rezará que lo que nos hemos perdido es ese estado social, al que no todos han podido sumarse, de emancipación. Lo que se está pulverizando día a día es el orden las cosas tal y como lo conocemos, empezando por nuestros empleos, y mientras menos conscientes seamos de ello más dura será la llegada del día después.