Jaula y arco iris

Libros, máscaras, calima

26/02/2020

Me llama poderosamente la atención ver imágenes en los medios de comunicación que reflejan las enormes colas que se producen para conseguir una entrada para un partido de fútbol, para asistir a un concierto de un famoso grupo musical o para conseguir sitio en la final de la gala drag de nuestro Carnaval. En algunos casos con el esfuerzo añadido de la realización de urbanas acampadas que pueden prolongarse varios días. Me imagino largas filas similares para intentar acceder a un curso de formación profesional o, en fin, para adquirir libros de las más variadas temáticas.

Lo de los libros considero que es, probablemente, más quimera que utopía. La Federación de Gremios de Editores acaba de publicar el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros 2019. Según ese estudio, un 57,1% de los residentes en Canarias declara leer en su tiempo libre, solo por delante de Extremadura (52,2%) y Andalucía (57%). La media estatal es del 62,2%. Y encabezan la lista Madrid (72,8%), País Vasco (65,6%), Comunidad Foral de Navarra (65,2%) y Cataluña (63,6%). Mejoramos en índice de lectura, como hacen todas las comunidades, pero no nos alcanza para dejar el vagón de cola.

Nuestra Comunidad es, además, la penúltima en compra de libros que no sean de texto, con un 43,8% de la población y una media de ocho libros comprados en 2019. Es decir, siete puntos por debajo de la media estatal. Y solo por delante de Extremadura (39,5% y 7,3 libros). La tabla la lidera Madrid, con un 59,4%. Respecto a la media de libros comprados aparecen destacados Navarra (9,6), Comunidad de Valencia (9,5) y La Rioja (9,3). Donde menos, en Murcia (5,5). El principal lugar de compras sigue siendo la librería, pero continúa creciendo Internet cono segunda opción para adquirir libros. Aunque, eso sí, los canarios y las canarias nos encontramos entre los que más valoramos las bibliotecas públicas, con una nota de 8,3. Justo en la media estatal en un listado que lideran Cataluña (8,9), Euskadi (8,7) y Castilla León (8,5).

perfil. El perfil de quienes leen con frecuencia libros sería el de una mujer, mayor de 55 años, con estudios superiores y que reside en entornos urbanos. No aparece el perfil de los alérgicos a la lectura, un 31,5% de la muestra. Las razones expuestas, sí. La falta de tiempo es esgrimida por el 49,1%. Pero, como señala el informe, «llama, no obstante, la atención, que existe un alto porcentaje, 29,4%, que afirma no leer porque no les gusta o no les interesa, el 38,3% entre los adultos entre 14 y 24 años. Precisamente en este tramo de edad, existe un porcentaje de no lectores (34,8%) que señala que prefiere dedicar su tiempo libre a otros entretenimientos», entre ellos hacer deporte, ver la televisión o pasear.

Lo del nivel de formación resulta, como era de esperar, un factor bastante relevante. Más del 83% de las personas con estudios universitarios lee en su tiempo libre. Por edades, el grupo más lector lo integran los jóvenes entre 14 y 24 años. El que menos, las personas entre 25 y 34.

Se producen algunos datos positivos en el ámbito estatal. Ligero incremento (dos décimas, del 62,4% al 62,6%) de la población que compró algún libro durante el 2019 en relación con el año anterior. El número de lectores y lectoras de libros sigue creciendo: lo hace el 68,5% de los españoles mayores de catorce años. Esta cifra supone 1,3 puntos porcentuales más que en 2018. Si echamos la vista un poco más atrás, a 2010, el incremento sería de 8,2 puntos. También ha crecido el número de aquellos que leen en su tiempo libre, que suponen en el Barómetro el 62,2% por ciento, frente al 61,8% de 2018 o el 57% de hace una década. Según señala el Barómetro, leer es percibido como una actividad que «ayuda a comprender el mundo que nos rodea», es «una actividad emocionante y estimulante», «contribuye a tener una actitud más abierta y tolerante» y «hace más felices» a quienes la practican.

En las mismas fechas en que se publica el referido informe me llamaron la atención otras noticias. Entre ellas la del terraplanista que se estampó con un cohete de fabricación casera en su intento de demostrar sus peregrinas teorías. O la petición de perdón por parte de Plácido Domingo, reconociendo su acoso sexual a decenas de mujeres; qué dirán ahora Albert Boadella, Carlos Herrera o Ainhoa Arteta (una «canallada» y «calumnia», lo calificó) que defendieron al tenor y pusieron en duda las declaraciones de sus víctimas. ¿Pedirán también perdón?

Y, más cerca, nuestras islas eran portada de los medios de comunicación por la calima, los fuertes vientos y los incendios en Gran Canaria y en Tenerife. Con situaciones que se dan en muy pocas ocasiones, como el cierre de todos los aeropuertos de las islas. Con unas condiciones meteorológicas con graves efectos sobre la salud de la población y sobre la seguridad, así como sobre el medio ambiente.

carnaval Y, en semejante situación, saltó la polémica por la suspensión o no de las fiestas del Carnaval. Especialmente en Santa Cruz de Tenerife. En las redes sociales muchos pusieron el disfrute de las carnestolendas por delante de cualquier otra consideración. Aunque no eran las mejores circunstancias para desarrollar ninguna actividad en la calle, con un aire altamente contaminado. Y cuando se estaban produciendo hechos de enorme riesgo en distintas zonas de la isla (incendios, derrumbes de muros, caídas de árboles...), que merecían toda la dedicación.

Algunos alegaban el ejercicio de su sagrada libertad para participar en una fiesta, aunque las autoridades (que se movieron en un terreno de contradicciones, por cierto, como muestra el comunicado «urgente» pero muy efímero del Cabildo de Tenerife) decidieran suspenderla por cuestiones de seguridad, como sucedió en la noche del sábado. Otros recordaban que en condiciones similares se habían visto “obligados a asistir” a sus centros educativos en contra de su voluntad; y si con calima había clases, máscaras carnavaleras también. Considero que, aunque se molesten, tenían la alternativa de quedarse ese día en casa.

Por ejemplo, leyendo un libro. No les causaría daño alguno. Y mejoraríamos, de paso, las escuálidas estadísticas.