Desde mi sofá.

León y Castillo

12/08/2019

Estoy a favor del transporte público. También tengo conciencia medio ambiental y creo que, entre todos, tenemos que frenar el deterioro de este planeta. Los efectos del calentamiento y del cambio climático, por mucho que el primo de Mariano Rajoy diga que no existe, son evidentes y alarmantes.

Pero también me gusta pensar y utilizar el sentido común, algo que, desde hace mucho tiempo, se ha perdido en la capital grancanaria, cuando hablamos de movilidad.

Es injusto echarle toda la culpa de los caminos por los que se está transitando en esta ciudad en este apartado al actual tripartito. Repito, los primeros y lastimosos pasos se dieron antes, con el exconcejal Ángel Sabroso a la cabeza y con Juan José Cardona como alcalde. Eso sí, aconsejados por los iluminados técnicos municipales.

En aquella legislatura comenzó la cacería del vehículo privado y la supuesta apuesta por el transporte público –que defiendo–. Hablo de supuesta porque la mejora del mismo ha sido una falacia, más allá de la panacea que venden con la MetroGuagua –en la que no creo–. Lo que se hizo (y se hace, pasen por Francisco Gourié y lloren) fue eliminar aparcamientos y carriles para coches, para que emergieran los destinados a las bicicletas, sin ton ni son, con unos trazados que parecen diseñados por el peor enemigo de la ciudad y la ciudadanía. Porque ir en bicicleta por muchos de los inaugurados hace dos legislaturas y ahora es un deporte de alto riesgo. Para el que va sobre dos ruedas y para el resto.

Mientras tanto, el principal problema de circulación de esta ciudad sigue sin importar a los iluminados que llevan las riendas de esta urbe. El atasco constante en la zona Puerto y el cuello de botella de Torre Las Palmas y el túnel de Julio Luengo. Sin piensan que con los carriles bici y con la futura MetroGuagua se solventará... es que sueñan con peces de colores o se ríen, directamente, en la cara de los ciudadanos. Parece que han olvidado (o desconocen) que los experimentos se hacen con gaseosa, como dice el refrán.