Psicografías

Las carreras de Las Canteras

10/08/2018
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Suelo correr habitualmente por la avenida de la playa de Las Canteras, casi siempre antes de que amanezca, y reconozco que esa carrera y el baño posterior en el océano cuando aún se confunde el día con la noche es de los mejores momentos de mi vida diaria. De momento parece que a esas horas podremos seguir corriendo, pero los años me han enseñado que cuando empiezan las prohibiciones ya no se paran a no ser que los detengas. Por eso es mejor tratar de detenerlos a tiempo. Fomentan los videojuegos en los colegios y quieren prohibir las carreras por las zonas peatonales. Yo les invitaría a viajar, a que caminaran por la Quinta Avenida, por los Campos Elíseos o por King Road y vieran a los corredores en medio de los caminantes, los diletantes, los poetas, los ejecutivos o los que pasean mirando a los celajes. Todos tienen cuidado de no tropezarse.

Estos días he corrido al atardecer por la avenida de San Agustín y no me he llevado a nadie por delante. No conozco a ningún corredor que haya matado a nadie ni que haya destrozado el mobiliario urbano cuando corre concentrado en esa lucha personal que es una carrera de larga distancia. Yo creo que hay que volver a lo de siempre: a la educación y al respeto al otro. El que arrolle corriendo, arrollará caminando o con el carrito de los helados. Una multa por correr daría la vuelta al mundo. No hagan eso. Fomenten el deporte en lugar de llenar de decibelios y alcohol las noches capitalinas. Lean a Murakami contando por qué corre e invítenle a correr por el Paseo de Las Canteras en lugar de prohibirnos ese goce diario a los que nos conformamos con poco para ser felices. Si las rodillas no se destrozaran en la arena, sobre todo con marea llena, les aseguro que correríamos aún más pegados a la orilla, y puestos a prohibir yo me plantearía dejar más espacio para peatones y corredores quitando terrazas en lugar de quitar a quienes corren para ser más felices y estar más sanos.