Primera plana

Las apetencias de los votantes

25/06/2019

Los hábitos de consumo cambian. Es normal para muchos cambiarse de compañía de teléfono móvil cada dos por tres. La lealtad a la marca se pierde. También la de los votantes a los partidos, especialmente en los segmentos poblacionales más jóvenes. Otra cosa es el nivel de la política que se ha degradado con respecto a un tiempo no tan lejano. No es melancolía sino certezas que se desprenden al realizar una comparativa de los parlamentarios de hoy con los de antes. En términos generales, se ha perdido. Hoy se constituye el Parlamento canario y lo suyo es que en breve se produzca la sesión de investidura y arranque en julio a funcionar el nuevo Gobierno presidido por Ángel Víctor Torres y con Román Rodríguez de vicepresidente. Será la forma de dar carpetazo a la época de CC, otra cosa es qué pasará con el nacionalismo canario a medio plazo y ante una negociación en la que NC acudirá desde el poder institucional. El panorama político es muy diferente al de los últimos meses.

«Hoy Pedro Sánchez se ciñe a amenazar con la convocatoria de unas nuevas elecciones en la que nadie sabrá qué pasará. Dudo que los sondeos que tímidamente se han conocido estas jornadas acierten».

Para Felipe González no estamos frente al final del bipartidismo sino a la etapa del bloqueo producido por los extremos. Algo así ha venido a decir. Puede ser. Es una forma de verlo, hay otras, pero que llevan a la misma conclusión: ninguna sigla pude gozar de la hegemonía de antaño. Y eso hay quienes aún no lo han interiorizado. Los que votaron a González en 1982 tenían unos patrones sociológicos distintos a los actuales. La sociedad (y sus votantes) era otra. Tenía razón Alfonso Guerra en 1982 cuando dijo que España no la iba a reconocer ni la madre que la parió. Una salida de tono o de euforia contenida que retrata aquel socialismo que arrasó en las urnas. Hoy Pedro Sánchez se ciñe a amenazar con la convocatoria de unas nuevas elecciones en la que nadie sabrá qué pasará. Dudo que los sondeos que tímidamente se han conocido estas jornadas acierten. Hay cansancio electoral. Y las reivindicaciones de Podemos, entre ellas entrar en La Moncloa, es lo normal cuando otorgas tus escaños para investir a un presidente. Nada raro. Lo usual en muchos países de Europa.

Y mientras Sánchez y Pablo Iglesias se pelean, es una forma de catalogarlo, los problemas sociales persisten. Mucha tecnología y móvil de última generación pero los retos siguen presentes: bajos salarios, precariedad laboral, listas de espera sanitarias... El menú es tan largo. Y los ciudadanos asisten a la jugada de unos y otros sin saber quién arreglará sus demandas. Es una época rara esta que contemplamos. Será la posmodernidad o la España de la poscrisis. El choque intergeneracional es evidente. Ya nada será como fue. Al menos, en las expectativas vitales de los más jóvenes en comparación con lo que maduraron al calor de la Transición. Todo se sucede muy deprisa. Nadie es capaz de digerirlo y tomar decisiones acertadas. Los agentes políticos se mueven en la incertidumbre. Eso le da más interés al asunto.