Voces, palabras

La soledad (buscada) de Coalición Canaria

18/07/2019

Coalición Canaria (CC) ya es solo sombra de sí misma. Todopoderosa desde el milenio anterior, hoy sobrevive entre convulsiones. Necesita con urgencia un replanteamiento serio y riguroso de su propia identidad: qué quiso ser, qué es, para qué ha servido, cuáles fueron sus intereses... Apremian la revolución interna y el tsunami purificador...

Surgió gracias a pactos entre Agrupaciones Independientes de Canarias (AIC), Asamblea Majorera (AM), Partido Nacionalista Canario, Centro Canario Nacionalista (CCN) e Iniciativa Canaria (ICAN, de la cual formaba parte Izquierda Canaria Unida). Como tal ente abstracto conjugó extrañísimas fraternidades con la obsesiva idea de tomar el poder sin pudores, recatos o prudencias.

Más: alejada hoy de gobiernos y poltronas, ¿tiene consistencia estructural, ideológica, ética, programática y universal para recuperar la confianza y volver a las instituciones con atractivo, autoridad y confianza? Me temo que no. O se produce en ella una sacudida interna a la manera de la penúltima erupción del Teide o desaparecerá en el sueño eterno, tal como les sucedió a Garachico y su puerto (1706). Dislocaciones titánicas y movimientos histéricos como los producidos durante el nacimiento de las Islas Canarias -Agustín Millares Torres- deben dar lugar a nueva gente sin intereses personales y grupales para que se hagan cargo de tal amalgama vacía de contenidos... y cuya supervivencia depende de las instituciones. Perdidas estas, CC puede desaparecer.

«Como si la patria canaria, terruños, culturas, hablas e idiosincrasias fueran propiedad exclusiva de los nacionalistas, confusión a la manera catalana»

Coalición Canaria fue desordenada, incoherente y desestabiliza mescolanza de soberbias, ciertos complejillos, obsesión por el mando y pérdida de elementales principios ideológicos, éticamente incompatibles con quienes sacaron pingües ganancias (¿nombres y apellidos?). Sin embargo, debo reconocer que la inicial Agrupación Tinerfeña de Independientes (ATI) -integrada después en AIC- ni mintió ni metamorfoseó intenciones: no había entrado en política para hacer Política sino para fortalecer el control económico sobre Canarias, más Canarias desde la presidencia del Gobierno y el amplísimo entramado administrativo que poco a poco fue fortaleciendo omnímodos autoritarismos en detrimento de la supuesta izquierda, ICAN, desleal con principios y compromisos sociales.

Así el señor Hermoso, vicepresidente del Gobierno canario, aceptó la embriagadora oferta de la icánica izquierda canaria y presentó un voto de censura (1993) contra el señor Saavedra (PSOE), su presidente. A partir de ahí el entendimiento recibió bendiciones y se repartió la autoridad: el señor Mendoza, de ICAN, fue nombrado vicepresidente. Luego -1995- el señor Olarte (CCN)...

La operación de acoso y derribo contra el PSOE canario se había completado desde el poder: ATI fue la gran beneficiada de una maniobra maquiavelicamente organizada -precisión matemática- desde Gran Canaria. Defenestrado, el PSOE pasó a la oposición hasta el pasado viernes... salvo un torpe e incoherente coqueteo de apoyo (2011) a CC que les significó a los socialistas la vicepresidencia del Gobierno (huera y vacía, anodina) y la desorientación ideológica del partido durante algún tiempo.

Coalición Canaria no solo representa a casi doscientos mil ciudadanos en el Parlamento canario actual (sesenta mil votos más que el PP; ciento catorce mil por encima de Nueva Canarias). Además, nació para Canarias -pregonaron desde el primer día- y al margen de los dos partidos nacionales dominantes (PSOE, PP), de ahí su definición como nacionalista. Hoy, sin embargo, no quedan de ella feudos, latifundios o haciendas políticas, símbolos del Imperio forjado desde 1993. Como en los versos quevedianos («Miré los muros de la patria mía / si un tiempo fuertes ya desmoronados»), centenares de políticos profesionalizados y otros tantos vividores arrimados lamentan su hundimiento.

El discurso de prepotencias, osadías, distorsiones (sanidad, enseñanza, ayudas sociales...) e incluso jactancias y autocomplacencias del señor Clavijo -presidente en funciones durante el último pleno del Parlamento canario- solo reflejan desfachatez, ausencia de crítica y serenos juicios cuando no encumbramientos casi místicos para la salvación de la Patria. (Como si la patria canaria, terruños, culturas, hablas e idiosincrasias fueran propiedad exclusiva de los nacionalistas, confusión a la manera catalana.)

Cuando se dirigió al aspirante a la presidencia del Gobierno, señor Torres, le recordó con manifiesto y punzante propósito la traición de 1993: los grupos políticos de Tenerife, Gran Canaria y Fuerteventura arriba nombrados habían defenestrado al señor Saavedra, presidente electo. (No completó la memoria del señor Clavijo otro voto de censura -1991-, primera experiencia de CC: a los pocos días de su reelección como presidente del Cabildo de Gran Canaria el señor Artiles Bolaños, también del PSOE, fue sustituido por la entente cordial de la izquierda icánica y el PP. El “Tenga cuidado y no le pase como al último presidente socialista” no fue una recomendación del señor Clavijo, más bien el último estertor de la venganza. (Pero no fabulación.)

Este ha sido el peor año de CC. A la pérdida del Gobierno regional (lo creyó suyo, herencia histórica, bendición de Alcorac) suma la renovación política en los ayuntamientos de La Laguna (símbolo del omnímodo poder coÁTIco) y Santa Cruz de Tenerife, bastión del interesado nacionalismo santacrucero.

Pero hay más, mucho más: huyen también los cabildos palmero, conejero y herreño y los ayuntamientos capitalinos de ambas islas... a la espera de un pleno extraordinario que los desalojará, también, del Cabildo de Tenerife.

Y esto no es lo peor, que ya es tragedia, catástrofe, cataclismo: centenares de altos, medianos y elementales cargos coáticos acompañados de asesores, secretarios y especialistas en nigromancias, hechizos e ilusionismos abandonarán las filas de CC a la búsqueda de nuevos pesebres que den cobijos, consuelos y mensuales nóminas. Son los que el señor Rivero, expresidente, define como «la cantidad de gente que se queda fuera, sin cargos» (CANARIAS7), tal si las plazas que ocupaban las hubieran obtenido por oposición. (¿Hacia dónde irán: PSOE, Cs o NC?)

Sempiternos ideólogos de CC (los mismos que callaron sus voces cuando hicieron senador al señor Zerolo) reclaman hoy cambios de liderazgo, búsqueda de los orígenes, espíritus participativos, renovaciones importantes, mea culpa de candidatos fracasados, relevos generacionales... Pero la Coalición Canaria actual no se recupera solo con interesadas intenciones, sahumerios que disipen malos olores o hipotéticas rectificaciones. Quien quiera lapas de fondo debe mojarse el culo.