Las venas abiertas

La puerta del ropero

22/01/2019
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El sótano de la vivienda de autoconstrucción que mis abuelos concibieron como hogar cuando bajaron de Moya en los años del desarollismo fue como mi universo mitológico. Donde todos los sueños e ilusiones de la infancia empezaron a cobrar forma, siempre agarrado a un trozo de tubería azul que para mí hizo las veces de espada, fusil y, cuando crecí hasta alcanzar la estantería de los vinilos, hasta de guitarra. Aunque estaba allí para sujetar uno de esos escritorios que se descolgaba de un mueble.

También fue el lugar en el que me hice las primeras preguntas que me robaron la inocencia. La puerta interior del ropero estaba cubierta por pegatinas como aquellas de un personaje animado con casco que venía con la leche Sandra, una imagen de Neil Diamond anunciando El cantor de jazz y un retrato de Víctor Jara.

«El recrudecer de los discursos me hace sentir más cerca de la violencia que nunca»

La inmersión en este último personaje, ahora reivindicado en un nuevo documental de Netflix, y el conocimiento de la crueldad de aquel golpe de estado fascista y arropado por Estados Unidos que acabó con sangre y fuego con el amanecer socialista que prometió Allende, fue una de mis primeras enseñanzas sobre la maldad.

Habrían pasado 15 años del asesinato de Jara y de toda la cascada de violencia que sacudió a Chile. Y me parecía una historia vieja, de otro tiempo.

Ahora, muchos más años después, el recrudecer de los discursos me hace sentir más cerca de aquellos tiempos que nunca. Y ya no me centro en el odio que promueven políticos que montados a caballo venden mentiras a precio de saldo. Me lo hace sentir la reacción en cadena de esa gente que ahora quiere cabalgar con ellos, que enfundados en banderas desentierran ese odio miserable que llevaban escondido en su interior.